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Venezuela centra la cita anual más importante de la OEA

Es la cita anual más importante de la organización y reunirá a los ministros de Exteriores de los 34 miembros. Estados Unidos y el Grupo de Lima buscan en ella la aprobación de una dura resolución de condena a Nicolás Maduro

En medio del creciente aislamiento internacional de Nicolás Maduro, que se ha profundizado tras su reelección en unos comicios presidenciales rechazados por parte de la región americana, la situación en Venezuela centrará la Asamblea General de la OEA el lunes y el martes en Washington.

Es la cita anual más importante de la organización panamericana y reunirá a los ministros de Exteriores de los 34 miembros. Estados Unidos y el Grupo de Lima buscan en ella la aprobación de una dura resolución de condena a Maduro.

En la de hace un año, en el balneario mexicano de Cancún, los cancilleres fueron incapaces de aprobar un documento con la postura oficial sobre Venezuela. Ahora habrá otro intento para cuyo éxito se busca el apoyo de naciones del Caribe que reciben petróleo venezolano barato y que bloquearon la censura a Maduro en México.

Pocos temas han dividido tanto a la Organización de Estados Americanos (OEA) en la última década como este, dejando en cuestión la efectividad del únio organismo que reúne a todos los países del continente excepto a Cuba (que desde que se levantó su suspensión en 2009, no ha pedido la activación de su membresía).

Su secretario general, el uruguayo Luis Almagro, lideró durante un tiempo la presión institucional sobre Maduro, pero más allá de hacer ruido, poco ha logrado la OEA. La crisis económica devino en una humanitaria y Maduro profundizó la deriva que sus críticos en la organización consideran desde hace tiempo dictatorial.

Almagro llega a la Asamblea de nuevo en medio de los focos, tras enviar a la Corte Penal Internacional un informe que acusa al régimen de Maduro de crímenes de lesa humanidad realizado por juristas internacionales seleccionados por él. Pero también lo hace bajo la crítica de tratar a Nicaragua con distinto rasero. La crisis en el país centroamericano, donde desde mediados de abril ha muerto un centenar de personas, no se ha incluido como tema.

Venezuela es prioridad para Gobiernos que, como Colombia y Brasil, sufren directamente los efectos de la crisis migratoria. Según la ONU, 1,5 millones de venezolanos dejaron el país entre 2015 y 2017.

Y Donald Trump, que ha llegado a asegurar que no descarta la opción militar en Venezuela, ha hecho de ella el centro de su política latinoamericana. Le da oportunidad en clave interna de mostrar fuerza en un problema cercano a casa.

Los 14 países del Grupo de Lima y Estados Unidos trabajan en un borrador de resolución que Washington pretende que sea más que una condena: quiere que inicie el proceso de suspensión a Venezuela en la OEA, como pidió Mike Pence en mayo en el primer discurso allí de un vicepresidente estadounidense en casi 25 años.

Para ello la Asamblea debe reconocer “la ruptura del orden demócratico”, como pide la Carta Interamericana. La suspensión es difícil -precisa apoyo de dos terceras partes de los miembros- y no sería inmediata -habría que convocar una Asamblea Extraordinaria-.

“Estados Unidos va a presionar fuerte para tener la resolución más dura posible. Aprovechará para incrementar su retórica agresiva contra el Gobierno venezolano e intentar que otros gobiernos se le unan en la imposición de sanciones fuertes”, dice a dpa Michael Shifter, presidente del ‘think tank'” Diálogo Interamericano.

Trump ha congelado los bienes de más de 50 funcionarios, incluido Maduro, y ha impuesto tres rondas de sanciones financieras al régimen chavista, aunque no ha llegado al embargo petrolero.

Lee También: Se espera sanciones aún más duras contra funcionarios bolivarianos luego del informe de la OEA 

El primero que pidió la suspensión de Venezuela fue el secretario general de la OEA, hace dos años. Pero hasta el discurso de Pence, ningún país la puso directamente sobre la mesa.

En el ínterin fue Maduro quien, ante la presión, decidió salir de la organización, un proceso que se completará en abril de 2019. La suspensión, si saliera adelante, sería un gesto simbólico para frenar un golpe de efecto. Nunca en sus 70 años, un país dejó voluntariamente la OEA.

Maduro ha perdido aliados en la OEA en los últimos años con la llegada de nuevos Gobiernos en países que antes estaban en el eje bolivariano. Pero ha mantenido suficientes apoyos en las naciones del Caribe. Estados Unidos y el Grupo de Lima intentan ahora de nuevo ganarse a los suficientes para aprobar una resolución.

“No creo que los factores principales hayan cambiado respecto a Cancún”, dice a dpa Geoff Ramsey, subdirector para Venezuela de WOLA, organización con sede en Washington dedicada a la investigación y la promoción de los derechos humanos en América.

Juan Carlos Hidalgo, analista del Cato Institut, coincide. “Los flujos de petróleo subsidiado dentro del esquema de PetroCaribe han mermado producto de la crisis económica de Venezuela. Pero eso no implica necesariamente que estos países vayan a votar contra el régimen venezolano en el marco de la OEA”, indica a dpa.

Fue tras el fracaso de Cancún cuando nació el Grupo de Lima para presionar a Maduro sin tener que negociar resoluciones que no llegan a nada. Estados Unidos no forma parte de él, pero está tras su origen. “Ha sido una estrategia de ‘liderar desde atrás’. Ha permitido que sean otros países los que lleven la batuta en cuanto a condenar y desconocer al régimen venezolano”, dice Hidalgo. Ramsey coincide. “Si se presenta como el líder de una coalición internacional contra Maduro, los esfuerzos fracasarán. Y será fácil para Venezuela rechazarlos como un ‘complot imperialista”, dice.

Con información de:DPA

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