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Trump eleva la presión sobre China y ultima nuevos aranceles por valor de 200.000 millones de dólares

La Administración Trump tiene previsto anunciar nuevos aranceles del 10% a importaciones de mercancías de China valoradas en 200.000 millones de dólares con el objetivo de presionar a Pekín antes de su reunión de alto nivel a finales de este mes. En esta nueva ronda de impuestos se golpeará una serie de productos de consumo, entre los que destacan maletas, bicicletas, pescado y mariscos, una decisión que se añade a las cargas que entraron en vigor durante el verano. Entonces, China contestó con otros impuestos sobre las mercancías procedentes de EEUU.

El presidente Donald Trump esperaba que esta nueva imposición apoyase al equipo de negociadores estadounidenses durante sus conversaciones con el gigante asiático, previstas en un principio para el 27 y 28 de septiembre en Washington. Tras estas nuevas amenazas, Pekín ha empezado a considerar declinar la invitación del secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, después de que los empresarios de Estados Unidos hayan pedido a las dos capitales que empiecen una ronda de conversaciones y abandonen su pelea comercial. Incluso, se plantea contestar a Trump con medidas que golpeen a Apple de forma directa.

Pese a ello, desde la Casa Blanca se destaca que Trump ha dado orden de empezar con aranceles del 10%, por debajo del 25% con el que amenazó a principios de agosto. El gesto, que debe interpretarse como de buena voluntad, se ha producido después la celebración de varias audiencias públicas en el Congreso y a raíz también de las quejas por parte de importadores y otros empresarios sobre el posible impacto sobre los impuestos en la recta final de año.

Antes de elecciones

Los tributos entrarían en vigor justo antes de las elecciones de noviembre de mitad de legislatura, en las que se renueva un tercio del Senado y la Cámara de Representantes al completo. Los empresarios que están en contra de estas cargas se emplean a fondo en incluirlos dentro de la agenda de la campaña electoral. Sin embargo, en caso de que China respondiese, se desconoce si podría llegar a tiempo para afectar al voto de los granjeros de Iowa y Wisconsin, parte de la base de votantes que dio a Trump la Casa Blanca en noviembre de 2016.

Esta decisión del presidente republicano puede interpretarse como una contradicción respecto a la autorización de emprender una nueva ronda de conversaciones con China. Pero, sobre todo, pone de manifiesto las divisiones que hay en la Casa Blanca sobre cómo se debe abordar la relación con el país asiático: ¿Aumentar las tensiones comerciales o abrir el diálogo a nuevos compromisos antes de embarcarse en una guerra comercial en todos los frentes?

El representante de Comercio, Robert Lighthizer, y el consejero comercial, Peter Navarro, insisten al presidente siempre que pueden en la necesidad de utilizar los aranceles para forzar un cambio de políticas en China. Mientras, Mnuchin y el director del Consejo Nacional Económico, Lawrence Kudlow, que están en contacto permanente con los empresarios de EEUU, están más preocupados por cómo las formas de Trump durante el proceso de negociaciones puedan afectar al mercado.

Trump ya ha advertido de que podría cambiar de opinión y aumentar las cargas al 25% en caso de considerar que Pekín no cumple con las demandas de Washington de cambiar su política económica. Un comentario que pone de manifiesto las frustraciones de Pekín, que se queja de desconocer si los negociadores estadounidenses tienen la última palabra a la hora de cerrar los tratos. En caso de que Trump cumpliese sus amenazas, habría que esperar al siguiente movimiento de China en una guerra que, según apuntan todos los fatores, sólo acaba de comenzar.

Hasta ahora, las decisiones sólo han afectado a productos utilizados por las fábricas, que pueden absorber todavía el impacto en los costes sin trasladarlo a los consumidores.

Con información de: El Mundo

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