Si no le hubieran quitado cinco ceros al bolívar los precios serían en cientos de millones

Hace poco más de un año -finales de marzo de 2018-, Nicolás Maduro informó que aplicaría una reforma monetaria que eliminaría tres ceros al bolívar, llamado entonces como legado de Chávez, Bolívar Fuerte, para crear un nuevo bolívar como parte de los esfuerzos de su régimen para combatir la inflación y la escasez de billetes que entonces agobiaba a los venezolanos, publica La Nación.

Maduro dijo que la nueva unidad monetaria o “bolívar soberano” como le llamó, estaría en circulación a partir del 4 de junio para “garantizarle al pueblo de Venezuela sus actividades monetarias”, afectadas por la severa escasez de billetes en un escenario de hiperinflación.

Aseguró que la medida que entraría en vigencia el 4 de junio, a pesar de que los nuevos billetes se imprimieron cinco meses antes, en enero 2018, “dinamizará la economía, pues le garantizará a la gente realizar sus actividades comerciales”.

Posteriormente se anunció que el nuevo cono monetario entraría en vigencia el 4 de agosto, y finalmente, se aplaza por segunda vez y se pondrá en marcha el 20 de agosto. Maduro aseguró que se trata de “un nuevo sistema monetario para estabilizar y cambiar la vida monetaria y financiera del país de manera radical”.

Cinco ceros menos

En otra intervención en cadena de radio y televisión, el 25 de julio, Maduro explicó que el otro componente esencial de esta reconversión económica “será la reducción de cinco ceros a la moneda -y no tres, como anunció en marzo- a través del bolívar soberano.

El nuevo cono monetario “va a tener una base de cambio e intercambio basada en el petro, cuyo precio se determina de acuerdo al valor de la cesta petrolera venezolana”, dijo sin ofrecer más detalles. Y al bolívar se le empezó a añadir el calificativo “soberano” desde el 1 de mayo.

El billete de más alto valor, el de 500 bolívares soberanos, representaba ni más ni menos que 50 millones de bolívares fuertes, ya en proceso de extinción. Pero para el común de la gente, al que solo le interesa el salario mínimo o los “churupitos para tener que comer o pagar el pasaje”, estos números no le dijeron nada.

El Fondo Monetario Internacional había proyectado una inflación de 1 millón por ciento al cierre de ese año para Venezuela, pero los números midieron la inflación en 1 millón setecientos mil por ciento. La más alta de país alguno en la historia de Latinoamérica.

Lo que ocultan los ceros

El 2 de marzo de 2018, cuando usuarios y transportistas se peleaban por el precio del pasaje urbano, el presidente del sindicato en el Táchira, Víctor Velazco, dijo “El precio debería ser de 40 mil bolívares”, según publicó La Nación. Se hablaba entonces en bolívares fuertes.

La Alcaldía aprobó un valor de 2 mil 500 bolívares, que como siempre, los conductores fueron subiendo hasta llegar a entre diez y quince mil bolívares para agosto. Hoy, el valor del pasaje urbano se ha estabilizado en 300 bolívares soberanos. Aunque ya no se use la palabra, sí podemos revisar que ese precio, equivale a 30.000.000 (treinta millones) de bolívares fuertes.

Eso es lo que ha subido la inflación en menos de un año.

Entre abril y mayo, La Nación reportaba precios de los alimentos, como por ejemplo el pollo 280 mil bolívares fuertes. Hoy oscila entre 6 y 7 mil bolívares, o sea, unos 700 millones de bolívares fuertes. La carne estaba en 350 mil bolívares, pero hoy, al ritmo de la hiperinflación, costaría unos 700 millones.

Si nos referimos a los precios que vemos ahora en el mercado, agregándole los cinco ceros que debería tener, la papa costaría 300 millones el kilo (3000 Bs); el azúcar 400 millones el kilo (4.000 Bs) el arroz, 350 millones el kilo (más de 3.500 Bs).

¿Se imagina Ud, amigo lector, manejando esas cifras hoy día? Pues para evitarle esa crisis o confusión segura, le tumbaron los cinco ceros al bolívar fuerte. Ese es el logro del Plan de Recuperación y Prosperidad Económica.

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