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Migrantes hablan sobre las “elecciones” en Venezuela

Este domingo en Venezuela se llevaró a cabo las elecciones presidenciales, acusadas a nivel internacional de tener un resultado cantado a favor de Nicolás Maduro. Siete venezolanos recién llegados al país hablan sobre las razones que los llevaron a emigrar y dan su opinión sobre esta jornada.

Este domingo en Venezuela se llevarán a cabo unas elecciones presidenciales marcadas por la polémica. El presidente Nicolás Maduro se enfrentará en las urnas ante los candidatos Henri Falcón y Javier Bertucci, en una jornada electoral que, de antemano, ha sido desconocida por parte de la comunidad internacional, sobre todo en Latinoamérica.

Las elecciones presidenciales se dan en un contexto crítico para los venezolanos que residen en su país. La hiperinflación ha encarecido los alimentos y el hambre está a la vuelta de la esquina. El salario mínimo no alcanza y muchos han optado por la emigración como una forma de solucionar sus problemas.

Sin embargo, la jornada electoral en Venezuela ha acelerado este proceso. De acuerdo con cifras de Migración Colombia, la entrada de venezolanos al país aumentó en 40 % en la última semana y, según explican, esto se debe a la incertidumbre que gira alrededor de los resultados.

Por su natural cercanía, Colombia se ha convertido en el principal receptor de migrantes en los últimos dos años, cuando se acrecentó la crisis en el vecino país. De acuerdo con cifras oficiales, el flujo de venezolanos que ingresa diariamente al país pasó de 35 mil personas a 50 mil.

Pero los comicios venezolanos no son los únicos que han acelerado este nuevo boom migratorio. Según reporta Migración Colombia, gracias a la cercanía de la fecha de las elecciones presidenciales en Colombia, se espera que el número de migrantes aumente considerablemente en los próximos días.

Y es que los efectos de las jornadas electorales ya se empiezan a sentir en el país, sobre todo en las zonas fronterizas y las terminales de transporte. En Bogotá, por ejemplo, se ha vuelto común ver a cientos de venezolanos parqueados con sus maletas, acompañados solo con la esperanza de que aquí tendrán un mejor futuro, aunque desconozcan que la xenofobia en Colombia ha aumentado y por ende la dificultad para conseguir empleo.

Pero aun así, muchos de ellos llegan cargados de sueños en sus maletas y esperan que en un futuro cercano las cosas cambien no solo para ellos, sino también para su país. El Espectador conversó con algunos de ellos, que llevaban pocas horas en Bogotá, y les preguntó sobre su salida de Venezuela y lo que esperan de esta nueva elección presidencial.

 

“Si Maduro gana, gana con trampa”

Fueron cuatro las maletas en las que Luis Ortiz empacó lo que tenía en El Vigia, Mérida, para venirse a trabajar a Colombia. Ortiz había pensado emigrar hace tiempo, pero la noticia de un eventual cierre de la frontera por las elecciones presidenciales en Venezuela aceleró su salida.

Campesino de una zona platanera, Ortiz cuenta que nunca le hizo falta la comida, pero que su dieta diaria consistía casi completamente en plátano. Carne no come hace meses, pues un kilo de carne cuesta más que el salario mínimo mensual en Venezuela.

El hombre de 32 años emigró junto con su novia y su hijo de 4 años. El pasaje les costó 120.000 pesos desde Cúcuta a cada uno, equivalente a 4,14 millones de bolivares. Es decir, cerca de cuatro salarios mínimos mensuales.

Lamenta, eso sí, haber salido días antes de que fueran las elecciones en su país. “Iba a votar por el pastor Javier Bertucci, pues una vez voté por Chávez y quería de alguna forma arreglar mi error”, dice. “Ellos hicieron muchas cosas buenas para los pobres, pero luego todo lo desbarataron”.

Sin embargo, Ortiz es pesimista frente a los posibles resultados de la elección, en la que dice convencido que habrá fraude. “Si Maduro gana, gana con trampa como la última vez”, afirma, pero luego cuenta que hace poco leyó por Facebook una profecía que espera se haga realidad.

“Vi el otro día una cosa que decía que el próximo presidente de Venezuela será un cristiano”, cuenta. “Ojalá que Dios nos haga el milagrito”, agrega.

 

“Mi primer voto sería en contra de Maduro”

Yonathan Heredia viajó a Colombia con el objetivo de irse a Perú. Paro no pensó que trabajar para poder emigrar al país inca fuese tan difícil.

De 24 años, este joven venezolano, nacido en Acarigua, en el estado Portuguesa, ha tenido que vivir en carne propia la dificultad de emigrar sin nada más que las ganas.

Ha trabajado como mesero y vendedor pero su condición migratoria no le permite quedarse más de dos semanas en un trabajo. Ahora atrae pasajeros para los taxistas, un trabajo que le deja cerca de 20.000 pesos diarios, suficientes para comprar sus tres raciones de pan y tinto y pagar la noche en la residencia. “Si uno compra un almuerzo ejecutivo no duerme”, dice, mientras recuerda que por varios meses tuvo que dormir debajo de puentes y en bancos de parques públicos.

Heredia se enteró hace poco que este domingo se iban a celebrar elecciones en Venezuela, y aunque nunca ha votado, dijo que habría ido orgulloso a depositar el primero en contra de Maduro.

 

“Bertucci me da más confianza”

Dufai Lizcano carga con un pequeño trozo de papel en el que tiene un garabato anotado. Un número telefónico es la única conexión que tiene con Colombia, país al que llegó hace cuatro días huyendo de la crisis que se vive en Venezuela. Ella confía en que quien esté detrás de ese número conteste y la recoja.

Pide un minuto prestado, pues dice que en Venezuela tener un celular es un lujo. No contesta. No hay cómo contactarlo por WhatsApp y le deja un mensaje de texto, avisándole que se encuentra frente a una pequeña tienda de dulces en el Terminal de Transporte de Bogotá.

Dufai Lizcano tiene 24 años y es oriunda de Barinas, uno de los estados más chavistas de Venezuela. Sin embargo, a pesar de que en su ciudad nació el fallecido presidente Hugo Chávez, y que siempre se dijo que era una de las consentidas del gobierno, dice que de haber votado lo habría hecho por Javier Bertucci, el pastor cristiano que ha revolucionado las presidenciales en Venezuela.

Sobre Henri Falcón, el otro contrincante, dice que no confía en su pasado chavista, aunque desconoce cuáles son sus propuestas. “Bertucci me da más confianza”, dice.

En Barinas se quedaron su mamá y su hijo de siete años. Dufai espera trabajar unos meses en Colombia y poder enviar dinero a su mamá. Luego, una vez estable, traerse a su niño. A diferencia de otros de sus paisanos, la joven venezolana confía en poder quedarse el mayor tiempo posible en el país, pero dice que si estuviera en sus manos, jamás se habría ido de Venezuela.

Pero ahora que está en Colombia confía en que las cosas estarán mejor. “No es difícil”, dice Dufai entre risas, mientras espera risueña a su contacto que, finalmente tras unas horas, llamó para decirle que ya iba en camino a recogerla.

 

“La gente prefiere no votar, por miedo”

Aliever, de 22 años, es beisbolista, juega de campo corto y le va a las Águilas del Zulia. Nilrayed, de 18 años, es música de profesión. Toca la flauta, el saxofón y la guitarra, entre otros instrumentos. Ambos son alegres y sus rostros, a pesar de la adversidad, lo demuestran.

Pero hace tiempo que ambos tuvieron que dejar de hacer lo que les gustaba para trabajar y sobrevivir. “Aparte de trabajar tienes que hacer otras cosas, como cargar bultos o vender gasolina”, cuenta Aliever.

Santa Bárbara del Zulia es un pueblo que históricamente ha votado en contra del chavismo, pero dicen que la situación en su región ha cambiado en los últimos años. “La gente prefiere no votar, por miedo a que le quiten los bonos”, cuenta Nilrayed. La joven se refiere a los denominados carnés de la patria, con los que el Gobierno controla quien recibe los subsidios.

La pareja cuenta que el anuncio de cerrar la frontera para las elecciones influyó en su apresurada decisión de emigrar. “No sabemos si la van a volver a abrir”, dijo Aliever. Pero ambos querían votar, y aunque se reservaron el nombre de sus candidato, afirmaron con vehemencia que obviamente no era Maduro.

 

“A Maduro hay que sacarlo de otra forma”

Los hermanos Maicol y Michel Muñoz llegaron a Bogotá sin nada más que un papel con un número telefónico anotado. Salieron hace dos semanas de Mérida  persiguiendo una promesa de un amigo venezolano, que les ofreció trabajo en un pequeño restaurante en la capital colombiana.

Los Muñoz no lo pensaron dos veces. Un día en su casa ambos recibieron el visto bueno de su conocido, quien les dijo que estaba todo listo para que llegaran. Sin avisarle a nadie armaron sus maletas, cargaron un par de libras de arroz en sus maletas, y viajaron con destino a Cúcuta, de donde saldrían para llegar a Bogotá.

El hambre fue la razón que los motivó a emigrar, como a muchos de los 800.000 venezolanos que han llegado al país en el último año. Sin embargo,   su destino final no está aquí sino en Perú, en donde “no hay tanta discriminación en contra de nosotros, según cuenta Michel, el más pequeño de los dos.

Los Múñoz hacen parte de una generación que nació durante los años de la Revolución Bolivariana. Trabajaban vendiendo muebles, pero dejaron de hacerlo porque ya no había gente que los comprara. La comida comenzó a ser un problema, el sueldo no alcanzaba y su dieta se limitó a unas pocas porciones de arroz y yuca al día. Ahora, mientras  se acomodan en la ciudad, cambiaron los sofás por  un paquete de colombinas para ganarse unos  pesos.

Son jóvenes y nunca han votado. A los Muñoz parece no interesarles mucho la política. Por eso, al preguntarles si no lamentaban no haber  participado de las elecciones de este domingo, los dos sueltan una fuerte carcajada. “El resultado estaba cantado”, dicen los dos en coro. “A Maduro hay que sacarlo de otra forma”, agrega Maicol.

Los hermanos, como muchos otros venezolanos, no creen en los políticos. Dicen que ninguno los representa y que los problemas los deben resolver ellos mismos.  Así que por ahora, esperan ahorrar un poco de dinero y en unos meses  tomar un bus que los lleve a su otro destino.

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