Manual para destruir un país: 10 pasos a seguir para cualquier tirano en el poder Por Victor Maldonado C.

No son únicamente las guerras y las catástrofes las que son capaces de destruir un país. También lo pueden hacer las malas decisiones de sus ciudadanos y de los convocados a dirigirlos

No son únicamente las guerras y las catástrofes las que son capaces de destruir un país. También lo pueden hacer las malas decisiones de sus ciudadanos y de los convocados a dirigirlos. Es, en ese sentido, una responsabilidad compartida alrededor de una misma disposición al saqueo. No puede denominarse de otra manera la adhesión fundamentalista al populismo y la concomitante sumisión al caudillo.

Un pueblo idiotizado, unas clases medias profundamente ignorantes y concupiscentes, y un líder disolvente, son tres características cruciales para acabar con cualquier país. Ese es el caldo de cultivo que luego permite avanzar sin mayores problemas hacia una fatal desintegración. Pero ¿cuál pudo ser la secuencia que nos trajo hasta aquí? ¿Cuáles serían los diez pasos que cualquier tirano debería considerar para imperar sobre las ruinas de su república?

Al parecer el siguiente compendio de indicaciones fue inicialmente escrito por Lenin, aunque se tienen por ciertas las enmendaduras y correcciones hechas por Stalin a solicitud de Lavrenti Beria. ¿Cómo llegó a las cálidas tierras cubanas? Algunos dicen que fue por intermedio de León Trotsky y que ese fue precisamente el cuadernillo que se extravió en ocasión de su asesinato.

Algunas hojas se han perdido con el paso del tiempo, pero lo que queda de él perteneció a la biblioteca perdida del Che Guevara. Fidel Castro hizo enmiendas importantes, por lo que se le reconoce su más reciente actualización.

  1. Apóyese en los mitos que afirman el fracaso de los latinoamericanos.Insista en las tesis de las décadas perdidas y de la traición contumaz a la gesta de los libertadores. Dude sistemáticamente de las instituciones y explote la insatisfacción con lo que hemos llegado a ser como países. Mantenga el desacuerdo generalizado sobre el futuro, acuse al “sistema” de negar cualquier posibilidad de mejora, tenga su lista de ladrones y corruptos, desmadre la política y declare enemigo a cualquiera que se oponga al cambio que merecen los pueblos. Insista en que solamente un hombre fuerte es capaz de recomponer la situación. Recuerde siempre que un pueblo que se sienta frustrado siempre buscará quien lo saque de su fiasco. Y lo hará ciegamente.

 

  1. Practique el populismo lo más intensamente posible. Invístase de ese halo mesiánico que caracteriza al que supuestamente “todo lo puede hacer”. Preséntese como el defensor de las causas del pueblo oprimido. Ofrezca venganza y un nuevo comenzar, sin esos partidos y dirigentes de la vieja guardia “que se lo robaron todo”. Amenace con tomar la justicia por su propia mano. Denuncie la voracidad de los empresarios. Señale los vínculos inconfesables de los privilegiados con el imperialismo. Acuse al neoliberalismo internacional de hambrear al país. Exija mejores precios para los commodities que soportan el rentismo nacional. Explote el nacionalismo más abyecto, y prometa sin pausa, y sin pensar en los costos. Proponga una Asamblea Nacional Constituyente que le entregue al pueblo el poder originario y restaure sus derechos arrebatados. No conceda cuartel a lo habido. Critique todo, ofrezca un cambio total, prometa distribuir la riqueza del país más igualitariamente, y repudie el mérito.

 

  1. Transfórmese en el líder que necesitan las masas.Construya para si mismo una épica “gloriosa”. Conspire, intente dar un golpe de estado, si es posible pase una temporada en la cárcel, visite a Cuba, hágale un altar al Che, adopte los “trajes Mao ” y guerreras militares como uniformes, mantenga un programa de televisión que se llame “aló presidente”, ordene cadenas de radio y televisión todos los días para cualquier cosa, hágase el imprescindible, centralícelo todo, y organice constantemente puestas en escena con el pueblo como telón de fondo. Cómprese tres o cuatro intelectuales de izquierda que lo deifiquen y escriban tesis sobre “el amanecer de los pueblos” gracias a su constante preocupación por la suerte de los oprimidos. Hágase reconocer por la lista de los “abajo firmantes” como el ciudadano esclarecido que necesita el país para restaurar la república. Cante, baile y vístase como los más desposeídos. Insista en su origen popular. Muestre orgullo por su carencia de estudios y su superficialidad intelectual. Búsquese rápidamente un enemigo externo, trate de mover las emociones del populacho e intente, incluso, hacer de si mismo una nueva religión donde usted es el santón. Nunca olvide que la crueldad es un atributo exclusivo de los dioses de la política, y usted es uno de ellos.

 

  1. Expropie, expropie, expropie. Olvídese de las garantías expropiatorias previstas en la constitución. Practique la justicia popular. Invoque esa falacia de que “toda propiedad es un robo”. Argumente que tierras, empresas, inmuebles, activos productivos, inventarios, e incluso el capital humano, pueden ser objeto de expoliación a favor de “esta nueva etapa revolucionaria”. Haga ver que las cosas son de quien las necesita y no de quien las produce. Sírvase de “teorías conspiparanoicas” para hacer ver que detrás de cada propietario hay una conjura contra el pueblo. Quíteles todo, póngalos presos, extorsionen a sus familiares, y hagan una gran celebración con la repartición de todo lo valioso. Si por casualidad no le conviene manejar la destrucción de la empresa, entonces regule los precios de los productos por debajo de los costos, organice la cola del saqueo y propóngase como el héroe de los precios justos. Cuando no quede nada que repartir, justifíquese diciendo que contra el gobierno hay una guerra económica que no quiere que el socialismo tenga éxito.

Con información de: Panampost

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