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Los infortunios económicos de China están haciendo sufrir a sus vecinos asiáticos

Los infortunios económicos de China están haciendo sufrir a sus vecinos, desde Seúl hasta Singapur, y la guerra comercial iniciada por Trump solo es parte del problema. A continuación un análisis de la Deutsche Welle, la emisora internacional de Alemania

Suele decirse que cuando Estados Unidos estornuda, el resto del mundo se resfría. En estos días puede aplicarse igualmente esta metáfora económica a China, cuya influencia global se deja sentir como nunca antes. En Asia se multiplica su impacto. Muchas economías asiáticas priorizaron fuertes vínculos comerciales con China mucho antes de que golpeara la crisis financiera de 2008-2009. Así pues, cuando en medio de la gran recesión Pekín lanzó su billonario programa de estímulos para la economía china, sus efectos positivos se expandieron por la región y las exportaciones a China se dispararon.

“Hoy, muchas economías asiáticas dependen más de China que de ningún otro país, incluyendo Estados Unidos”, dice a DW Jayant Menon, economista en jefe del Banco Asiático de Desarrollo. Menon advierte que China se convirtió en el más grande socio comercial del bloque económico de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, ASEAN, con un comercio que ascendió hasta los 591 billones de dólares en 2018. Al mismo tiempo, la región se ha ido volviendo cada vez más vulnerable a las desaceleraciones económicas de China.

Se estanca el crecimiento

El crecimiento del Producto Interior Bruto de China ha disminuido durante dos años seguidos. El año pasado fue de un 6,6 por ciento. La economía se ralentizó en el segundo trimestre de 2019, creciendo solo el 6,2 por ciento, en lo que supone la tasa de crecimiento más lenta en cerca de tres décadas. Algunos economistas predicen un crecimiento incluso más débil en la segunda mitad de 2019. Esta ralentización ha tenido un efecto de arrastre sobre Asia.

“El crecimiento en Asia, excluyendo a China, ha sufrido una abrupta ralentización durante el último año”, dice Gareth Leather, economista experto en Asia en la consultora Capital Economics, con sede en Londres. “La región está creciendo a su ritmo más lento desde la crisis financiera”. Por ejemplo, las exportaciones de Indonesia a China, su más importante socio comercial, descendieron un 11 por ciento en 2018. Las de Singapur a China cayeron en junio de 2019 por cuarto mes consecutivo. También Corea del Sur y Japón han reportado caídas similares este año en comparación con el pasado.

Sobredependencia de China

Los economistas dicen que un estancamiento chino golpeará con fuerza a muchos países asiáticos. “Si eres un gran exportador de productos básicos, eres muy vulnerable”, sentencia Leather.

Por su parte, India, que no depende tanto de sus exportaciones a China, podría beneficiarse de la desaceleración de su rival asiático y la guerra comercial entre China y Estados Unidos. La atención mediática se ha centrado en la agresiva política comercial de Trump que ha conducido a que ambas partes se apliquen mutuamente aranceles millonarios.

Pero la economía china llevaba tiempo ralentizándose, mucho antes de que Trump acusara a Pekín de prácticas desleales y robo de propiedad intelectual estadounidense. En algún momento tenía que tener un final la época de generosos créditos para estimular el crecimiento de las ultramodernas ciudades chinas. Según los líderes chinos, parte de la situación china también se debe a los esfuerzos por eliminar de raíz la rampante corrupción, además de los cambios en los hábitos de consumo de sus casi 1.400 millones de habitantes.

La incertidumbre continúa

Mientras la guerra comercial ha debilitado la confianza en el mundo de los negocios, llevando a las empresas a retrasar sus inversiones, sus efectos aún no se han sentido del todo. Algunos centros manufactureros incluso se están beneficiando del traslado de la producción desde China a otros lugares de la región con el fin de evitar los aranceles de Estados Unidos.

Como es improbable que China vuelva a tomar el mismo tipo de medidas de superestimulación que llevó a cabo entre 2009 y 2015 y la desaceleración de China podría prolongarse, el resto de Asia podría mirar hacia otra parte para crecer. “Es probable que continúe la tendencia a la desaceleración”, dice a DW Catherine Yeung, directora ejecutiva de Fidelity Investments, con sede en Hong Kong.

Algunos economistas piensan que los líderes chinos harán algo para impulsar el consumo y restaurar la confianza comercial. Pero, al contrario de lo que ocurrió con incentivos previos, que buscaban espolear el crecimiento a toda costa, Yeung dice que las últimas medidas de estímulo están más focalizadas. Su objetivo es promover “inversiones en infraestructura, al mismo tiempo que animar a las empresas a reinvertir ofreciendo recortes de impuestos”

Sin tanta generosidad como antes

Gareth Leather, el experto en Asia de Capital Economics, tampoco cree que Pekín vaya a ser tan generoso como antes con sus estímulos. Para Lether, esas enormes medidas de estímulo agravaron los problemas en el sector financiero. “Así que ahora están siendo muy cautelosos sobre cuánto inyectan en la economía”.

Leather apunta una tercera razón por la cual se está produciendo la desaceleración de algunas economías asiáticas. “Muchas de las empresas electrónicas de la región, incluyendo las que fabricaban chips, gestionaron mal sus ciclos de inventarios”, dice. A pesar del enorme crecimiento en exportaciones electrónicas, “el incremento en la demanda que esperaban, sencillamente, no se produjo el pasado año, por lo que se han tenido que quedar con una gran cantidad de existencias sin vender”, apunta.

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