La visión de Anatoly Kurmanaev, corresponsal ruso de WSJ sobre “la tragedia en Venezuela”

El periodista ruso Anatoly Kurmanaev narró en el “Wall Street Journal” algunas de sus anécdotas como corresponsal durante cinco años en Venezuela para, así, dibujar la “tragedia” del país.

Kurmanaev llegó a Venezuela en el 2013 y encontró un país, cuya inflación y crecimiento de la deuda, empezaban a dibujar una crisis que “ha sido mucho peor que el caos que experimenté en el colapso postsoviético”.

“La velocidad del colapso ha transformado las vidas de millones de venezolanos casi de la noche a la mañana. Cuando conocí a la trabajadora social Jacqueline Zuñiga en la ciudad portuaria de La Guaira poco después de llegar, recientemente había comprado un departamento, se había sometido a una cirugía plástica y había tomado un crucero para visitar la Colombia natal de sus padres. Ella pronto compró su primer auto. Su boleto de uno de los peores tugurios de Caracas se había unido al Partido Socialista gobernante y se había convertido en un activista clave del partido en La Guaira, organizando cooperativas de mujeres. Su nuevo estilo de vida había sido posible gracias a préstamos subsidiados y tasas de cambio preferenciales”, narra el periodista.

Hoy, cuenta Kurmanaev, que “la señora Zuñiga está luchando por alimentar a su familia con tres comidas al día. Su auto se está oxidando debido a la falta de repuestos; y el restaurante junto al mar donde solía encontrarla para hablar de política está cerrado”.

Lo que vivió en Caracas en 2013, le recordó a Rusia en la década de 1980 cuando “la gente lidió con la escasez recurriendo al mercado negro, acaparando bienes y beneficios comerciales de sus trabajos, como sellos burocráticos de aprobación o acceso a baterías de automóviles, para otros favores o productos”.

Para ese momento los venezolanos se daban el lujo de acaparar productos básicos, cuando los encontraban, por los precios tan baratos. Él mismo confiesa que una vez, un amigo le ofreció “mil papeles higiénicos” y le pareció una buena oportunidad para abastecerse y ayudar a sus amigos. “Pero en lugar de los mil rollos que esperaba, apareció un camión e intentó descargar 1.000 pacas de papel higiénico, o 44.000 rollos, en mi pequeña oficina en un concurrido centro comercial”.

Pero lamenta que las comparaciones nunca fueron tal. “El colapso de Venezuela ha sido mucho peor que el caos que experimenté en el colapso postsoviético. Cuando era joven, todavía podía obtener una buena educación en una escuela pública con comidas subvencionadas y un tratamiento hospitalario gratuito decente. Por el contrario, cuando la recesión se apoderó de Venezuela, el llamado gobierno socialista no hizo ningún intento por proteger la atención médica y la educación, los dos supuestos pilares de su programa. Esto no fue Socialismo. Era cleptocracia: la regla de los ladrones”, afirma.

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