La hiperinflación le gana la batalla a las amas de casa venezolanas

Graciela de Azócar camina, exhausta, por las cercanías del mercado de San Félix. Lleva dos bolsas, visiblemente pesadas, pero no está satisfecha. La carne en el mercado municipal rodeado de revendedores llegó a Bs. 2,4 millones este jueves, el pollo supera el millón y los huevos subieron a Bs. 2,2 millones. “No llevo ni una presita, el pobre es el que pasa trabajo en esta situación”, dice, en el territorio que concentra los estratos sociales de menores ingresos en Ciudad Guayana, de acuerdo con información del Correo del Orinoco.

La crisis económica es reconocida por decenas de consultados como su principal preocupación en la actualidad. Ni un salario mínimo, ni dos, ni tres, alcanzan para sobrevivir en un contexto de hiperinflación sin precedentes, que hace que los precios en la petrolera Venezuela suban a diario sin referencias ni perspectivas de freno.

En el primer trimestre del año, los precios subieron 453,7%, de acuerdo con las estimaciones de la Asamblea Nacional que desde el año pasado calcula las variaciones, debido a la política del Banco Central de Venezuela (BCV) que no difunde estadísticas oficiales desde 2015. El ocultamiento propició el miércoles una declaración de censura contra Venezuela, por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI), que proyecta una inflación superior al 10 mil por ciento al cierre de 2018.

“Todo hoy está baratísimo, aunque sea caro. Todo está muy barato con respecto a mañana”, dice insistente una cajera de un supermercado de Puerto Ordaz, que prefiere no identificarse. En los últimos días ha visto no solo los aumentos pronunciados que han llevado un envase de lavaplatos líquido a más de un millón de bolívares, sino enormes colas de compradores en un intento de ganarle a la hiperinflación, una carrera en la que no todos pueden competir.

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