Iván Rodríguez Gelfenstein, El magnate de caballos que nos dejó sin comida

Casos de Corrupción
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En Ocala, Florida se construyó hace poco Gelfenstein Farm, un centro de vanguardia para el adiestramiento de caballos. A un costo de   de 20 millones de dólares, los animales cuentan con 165 acres de tierra, 22 corrales, cintas de correr, una piscina de entrenamiento y, por supuesto, una pista de entrenamiento. Este año el propietario orgullosamente comentó al diario Thoroughbred Daily News que su sueño es “correr caballos en las mejores pistas de carreras en los Estados Unidos y producir algunos caballos Triple Corona”.

¿Quién podría ser este magnate millonario de caballos? ¿Un empresario capitalista estadounidense? ¿Un jeque rico del Oriente Medio? Quizás las élites que se encontraban en Dubái este año para la Copa Mundial, la carrera de caballos más costosa del mundo, se sorprenderían al descubrir que el mismo hombre que llegó en su avión Embraer 550 es además un gran partidario de la revolución bolivariana…

Como ha reportado el diario Florida Business Daily, Iván Rodríguez Gelfenstein se vincula directamente con el régimen venezolano a través de su hermano Mauricio Rodríguez Gelfenstein –quien ha ocupado varios altos cargos dentro del Ejecutivo, entre ellos ha sido ministro de Comunicación e Información, viceministro de Cultura para el Desarrollo Humano, viceministro del Poder Popular para las Relaciones Exteriores y presidente de Vive TV– y a través de Carlos Osorio, ministro de Alimentación hasta comienzos de año y uno los de los guisadores más corruptos de Venezuela. De hecho, el venezolano Freddy Arenas aparece como el encargado de asuntos internacionales de Gelfenstein Farm. Como los diarios estadounidenses han subrayado, Arenas fue funcionario destacado del gobierno de Maduro en cargos bajo la supervisión del mayor general Carlos Osorio.

Nosotros ya sabemos que el sector alimentario constituye una de las mejores oportunidades  para los funcionarios gubernamentales y los boliburgueses para enriquecerse ilegalmente a través de acceso a la tasa de cambio preferencial. En este caso, los registros públicos muestran que Iván Rodríguez Gelfenstein, junto con otros seis socios, inscribió ante el Registro Nacional de Contratistas (RNC) la Comercializadora LGT en el 2005 (también hay un nuevo registro que corresponde al diciembre de 2015 con fecha de vencimiento en  junio de 2016), la cual tenía “como objeto la compra, venta, distribución, importación y exportación de alimentos, tales como pescados, mariscos, carnes rojas y blancas, frutas, hortalizas, verduras, variedades de quesos, jamones y otros embutidos, leches, enlatados, granos, jugos, cereales, pastas, galletas dulces y saladas, así como cualquier otros alimentos destinados al consumo humano. La compañía también podrá dedicarse a la comercialización, distribución, importación y exportación de bienes y mercancías de cualquier naturaleza, la representación de personas naturales o jurídicas, nacionales o extranjeras, la realización de cualesquiera otras operaciones relacionadas directa o indirectamente con las actividades antes mencionadas”.

Según los medios, Gelfenstein inicialmente aparecía como vicepresidente de operaciones, pero actualmente no se observa ningún cargo asignado en la junta directiva. Sin embargo, se adjudican a nombre de Gelfenstein 100 por ciento de las acciones. Aunque la empresa actualmente está inhabilitada para contratar con el Estado, el principal cliente ha sido el programa estatal de alimentos Mercal y había un contrato con la empresas estatal  PDVAL. Gelfenstein es la única persona asignada como contacto para del contrato con PDVAL y los 48 contratos con Mercal. Como han preguntado los medios, ¿cómo es posible que Gelfenstein amasara una fortuna en tan corto tiempo, especialmente cuando sus empresas están en situación de descalabro económico y al punto de la quiebra?

Blood Horse, un medio norteamericano que se concentra en los caballos, describe a Gelfenstein como un “empresario internacional que divide el tiempo entre su país natal y el sur de la Florida”. Esperamos que cada vez que Gelfenstein regresa a Venezuela, tenga la oportunidad de ver a todos sus compatriotas hambrientos, los cuales claramente nunca recibieron los alimentos que este boliburgués pretende haber importado.

Con información de: Guisos Rojos

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