loading…


Indígenas venezolanos sobreviven comiendo basura en Colombia [VIDEO]

Hoy fue un buen día para Yuliana Martínez y su familia de indígenas jivi. En el botadero de basura El Merey, en Puerto Carreño (Vichada), alcanzaron a sacar unas diez papas podridas, las cuales son merodeadas por unas cien moscas que se paran sobre ellas. Dice que por fortuna hallaron algo que será el almuerzo.

“Allá en Venezuela la cosa está arrecha, acá por lo menos estamos comiendo de la basura, ¿qué más le vamos a hacer?”, cuenta la joven de 19 años.

Yuliana se levantó a las 5:00 am, como los demás 150 indígenas transfronterizos, colombianos y venezolanos, que sobreviven en unos cambuches de plástico a las orillas de los inmensos montes de basura. A ella la desvela el hambre, la suciedad, el calor y el bebé de dos meses de gestación que lleva en su vientre, de quien no quiere que corra la misma suerte de su otro hijo de un año hace unas semanas: morir.

Los indígenas saben que pueden estar viviendo en el mismísimo infierno y cruzan sus manos en ese relleno sanitario a la espera de que el paludismo, el dengue hemorrágico o la desnutrición los lleve a otra vida. A las 11:00 am en ese inmenso llano se ve a lo lejos el camión de la basura. Yuliana se alista, se pone sus chanclas viejas y busca el alambre con el que se ayuda para seleccionar lo que le servirá de comida. Como en una carrera de 100 metros planos, los indígenas salen corriendo sin importar el sol rumbo al montículo de desperdicios donde el vehículo se vaciará.

El camión de la basura, que lleva en cada recorrido unas 10 toneladas de desechos, no se ha puesto en disposición de expulsar los desechos cuando unos 15 niños indígenas se le cuelgan para golpear las latas del carro y exigir que se abra la puerta. El conductor asechado hace caso y las personas empiezan a rasgar las bolsas para pasarlas con velocidad a sus familias, quienes con voracidad y desespero seleccionan residuos de comida, ropa, plástico y alguna otra cosa que les sirva para reciclar. Un sobrevuelo de moscas los acompaña y al lado también pican las bolsas los chulos. Los pies de los indígenas terminan bañados de lixiviados y ni siquiera el olor penetrante y nauseabundo los persuade de dejar la actividad.

Rasgando la basura pasan hasta 30 minutos. Niños con la barriga hinchada por los parásitos, madres embarazadas, jóvenes, adultos y abuelos, todos están metidos entre los desechos.

“Nosotros somos de Venezuela. Venimos en búsqueda de comida, a veces comemos y en otras ocasiones no, depende lo que venga del pueblo. Así estamos sobreviviendo”, cuenta Yuliana, quien por tercera vez en los últimos meses se vio obligada a vivir en el basurero para tener que darle de comer a su hija de cuatro años, pues perder a otro hijo por desnutrición es lo último que quiere.

Yuliana asegura que “hallan más comida en la basura que en Venezuela” y tras la pérdida de su hijo no estaba dispuesta a aguantar más hambre. Si ella no come, sus hijos tampoco y en su país, dice, “dura hasta cinco días sin comer”.

Comentarios

Comentarios

loading...
Resistencia Venezuela
error: Maduro Chupalo !