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Familiares de venezolanos detenidos en Trinidad y Tobago denuncian torturas y olvido del gobierno

Al menos 23 venezolanos se encuentran detenidos en el Inmigration Detention Centre, pues sin motivo conocido quedaron rezagados de la deportación realizada el pasado 21 de abril y fueron multados

Jasmín Juárez, madre del joven José Rafael Silva Juárez, de 19 años, llegó al aeropuerto a esperar a su hijo que le avisó sería deportado, pero luego de horas de espera y de ver cómo llegaron al menos 32 o 40 personas, su primogénito no apareció.

Fue hasta tres días después cuando logró saber de él y su vida cambió. Está detenido en el IDC en Trinidad y Tobago y allí permanecerá hasta que cancele 1.500 dólares de multa por permanecer ilegal en ese país y hasta que tenga un pasaje de regreso a Venezuela.

La madre del detenido de 19 años, y de otros dos jóvenes más, es ama de casa, por lo que pensar en reunir 1.500 dólares, es decir, más de aproximadamente 42 millones de bolívares, resulta imposible. “Si yo tuviese esa cantidad de dinero mi hijo no se hubiese tenido que ir del país. Yo le habría montado un local porque él es DJ, con 1.500 dólares me quedo con él aquí y no sufriría por no tener a mi chamo en la casa”, expresó Jasmín Juarez.

Lleno de esperanzas y sin futuro para ejercer el oficio que le apasionaba, José Rafael Silva salió rumbo a Trinidad y Tobago donde logró trabajar para mantenerse y ayudar a sus dos hermanas y padres. Cuando puede llama a su mamá para darle noticias de él, pero aunque lo hace “echando broma” en cada comunicación le cuenta cómo los tratan, cómo los golpean y cómo los insultan por ser venezolano.

Además de los malos tratos, también se les ha negado el derecho a la defensa. El Foro Penal ha asistido a los familiares afectados, pero no ha existido avance alguno ante las embajadas. Solo si pagan la multa y tienen el pasaje comprado podrían salir en libertad.

El avión que nunca abordó…

“Mamá váyase pa’ Maiquetía que me van a devolver a Venezuela” fueron las palabras del joven a su madre el 21 de abril, luego de tener 20 días detenido. Las horas pasaron y un avión llegó, pero el hijo de Jasmín no estaba.

Aunque la embajadora de Venezuela en Trinidad y Tobago, Coromoto Godoy, fue una de las personas que estuvo supervisando las deportaciones no se garantizó la vuelta de todos los venezolanos. “La embajadora no ha hecho nada para que mi hijo y los demás venezolanos que están siendo golpeados y torturados vuelvan a sus hogares; no están ni siquiera tratando de ayudar a que puedan tener el derecho a la defensa”, indicó Juarez.

Aun cuando en medios de comunicación y voceros oficiales reseñaron la llegada de al menos 82 venezolanos provenientes de Trinidad y Tobago, Jasmín Juarez asegura que fueron menos quienes ingresaron en el avión militar que aterrizó, mientras esperaba la llegada de su hijo.

 

La incertidumbre y la inseguridad…

Su dinámica de vida cambió con la detención de su hijo, pues además de ser quien la ayudaba económicamente, la angustia el no saber cómo está, si lo siguen golpeando o si le han permitido a sus amigos llevarle comidas.

Cada día “el celular es la única esperanza” de tener un buen momento en medio de la tristeza, porque es el único medio en que logra saber de su hijo. “Yo lo único que hago es esperar. No salgo por estar con el celular en la mano, porque si me lo llevo para hacer diligencias me lo pueden robar, entonces opto por quedarme porque me llama a distintas horas”, explicó.

 

Otras familias también en tragedia…

Tomás Ramón Perdomo llegó en febrero a Trinidad y Tobago invitado por los dueños de una granja para que trabajara con la producción de pollos. El 7 de abril estaba dormido cuando funcionarios policiales lo detuvieron. Es padre de dos hijas y su esposa no trabaja, pues el sustento de la familia es él.

Aunque fue llevado a la embajada con su tíquet para regresar a Venezuela, las autoridades no lo permitieron hasta que no pague seis meses de cárcel o 2.000 dólares. Actualmente se encuentra en una cárcel de máxima seguridad incomunicado y sin derecho a la defensa, según denunció Ingrid Natera, esposa de Perdomo.

El hermano de Tomás Ramón también estaba con él trabajando en la misma granja cuando fue detenido en las mismas circunstancias. Ceferino Perdomo, padre de tres hijos y también sostén de hogar, no ha sido trasladado a Venezuela por no pagar la multa de 2.000 dólares. Su esposa Yoleida Saavedra no trabaja y dependía del dinero que marido le enviaba.

También Williams Mosquera, oriundo del estado Carabobo, fue detenido y fue uno de los venezolanos que, aunque llegó a la embajada, no le permitieron viajar. El padre de cuatro hijos y hermano mayor de dos mujeres era el encargado de suministrarle dinero a, al menos, a ocho personas que, desde el 21 de abril, no tienen conocimiento de si está bien, si está vivo o qué sucederá con él.

Su esposa Maira Paz, no tiene recursos para viajar a Trinidad y Tobago ni para pagar la multa de más de 5.000 dólares o cumplir tres años de prisión.

Otros venezolanos detenidos y sin dinero para pagar la multa y los pasajes de regreso son: Carlos Brito (5.000 dólares o tres años de cárcel), Edixon Medina, Yhonatan Escobar, Germais Rojas y Moisés Rojas (seis meses de cárcel o 1.500 dólares) y Pedro Pinto (4.000 dólares o tres meses de cárcel).

Uno de los casos que refleja lo que les podría pasar a todos ellos si no compran un pasaje de regreso y pagan la multa es el de Iszen Marcano, quien debía pagar 1.000 dólares y cumplir un mes de prisión, pero al no tener el dinero ni el pasaje comprado, lleva tres meses en un centro de detención migratorio y el tiempo que ha pasado en prisión no es considerado como parte de su condena y su familia no tiene dinero para pagar el pasaje del hombre.

Los familiares de los detenidos resaltaron la necesidad de que los países reciban a los venezolanos que han buscado mejoras en su calidad de vida y que llegan a otros países, con el fin de trabajar “para evitar que en Venezuela sus seres queridos mueran de hambre”.

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