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“En Venezuela hay una transición que aún no es percibida por sus actores”

Benjamin Trippier - Economista - AndrésT - 17-07-2018Fotos: Andrés Torres Fecha: 17-07-2018

El economista y asesor empresarial afirma que el principal nudo gordiano para la “economía racional” son los controles y el sector eléctrico

Argentino de nacimiento, pero venezolano por adopción desde 1978, Benjamin Trippier, economista y asesor de innumerables empresas, privadas y públicas, señala que el país está “en transición”. Esa transición, que no necesita un cambio de Gobierno, viene dada por la contracción de la economía, que se ha encogido hasta adaptarse a la capacidad de su sistema eléctrico; de la hiperinflación y de las voces que, dentro del propio chavismo, están llamando a un cambio.
 Advierte el experto, expresidente de la Cámara de Comercio Venezolano-Argentina, que como las empresas, el Gobierno necesita una hoja de ruta, y en ella, el desmontaje de los controles es un primer paso importantísimo, que llevará a otros de mayor trascendencia y que, además, puede venderse como “neorrevolucionario”. El costo de no hacerlo, indica Trippier, sería insoportable para el propio Gobierno y para el país, y conduciría a hacerlo más adelante, en peores condiciones.
 -¿Si yo fuera un empresario pensando en si invertir o no en Venezuela, qué me diría?
Puede estar ya aquí o querer entrar, para el ejemplo sirve igual. -Hoy es distinto a lo que hubiera contestado hace seis meses o un año, que el que esté dentro en este momento se tiene que quedar y el que quiera entrar tiene que hacerlo, porque más adelante va a ser más complicado. Estamos en un punto donde las barreras a la entrada son lo suficientemente bajas como para que sea oportuno entrar.
 -¿Barreras a la entrada en dinero?
-No, en muchos sentidos. Cuando uno va a entrar a un país a invertir se encuentra con un conjunto de barreras. Productividad, una cantidad de indicadores…
 -Indicadores que en el caso venezolano son invariablemente de los peores del mundo: competitividad, infraestructura, legislación, transparencia… 
 -Si no fueran un desastre, las barreras a la entrada serían más altas. No es barato, es oportuno, porque en este momento hay mucho más futuro que pasado. Venezuela llegó a un punto en el que, en la mayoría de indicadores que sirven a la gerencia, no te queda más que empezar a reconstruir. Tú toma el sector eléctrico, el petrolero, cualquiera de las industrias, y destruirlas un poquito más significaría pegarles con una mandarria. Ha llegado un momento donde hay una especie de piso…
 -El famoso fondo…
 -No sé si se toca fondo alguna vez, pero sí es un punto en el que la planta cerrada está ahí. Peor que eso es que se la coma el monte, se caigan los ladrillos y se oxide todo. No va a pasar. La planta cerrada, trabajando al 10, 20%, es el peor escenario, con tecnología atrasada, pero con posibilidades de empezar a moverse. Y lo que suele ocurrir en los rebotes es que el crecimiento es muy rápido hasta alcanzar un punto en el que ya tienes que comenzar a esforzarte.
 Y podría ser más rápido dependiendo de una serie de circunstancias. Fíjate: el Producto Interno Bruto de un país no es más que la electricidad que tiene. Si no tienes electricidad no tienes PIB. Estamos hablando desde la vida de nuestras casas, hasta Sidor o Alcasa, que son electricidad solidificada. Sin electricidad no puedes hacer nada.
Cuando yo digo que este es un momento para entrar, hay ciertas cosas que en un proceso de reconstrucción van a tener que ir más rápido que otras, y una de esas cosas es electricidad. Creo, incluso, que vamos a tener que volver a regionalizar el servicio eléctrico, tras la centralización que significó Corpoelec y a la que yo me opuse como asesor de Edelca. Es una de las maneras de permitir participación privada en el sector eléctrico.
Si no echas un manto, una trama que te reconstituya el sistema eléctrico, va a ser muy difícil que cualquier empresa que esté en 10% vaya a 30%, porque para que una llegue a 30 vas a tener que apagar otra. Vas a tener que optar, no vas a poder crecer. Para fin de este año vamos a estar en el pico más bajo de crecimiento del PIB, y aún ahí nos va a faltar electricidad. Podemos bajar 10 puntos más para llegar a plena electricidad. O sea, el país se tiene que achicar, que ser 40% de lo que fue, para que el sistema eléctrico responda al 100%.
 No quiero darle muchas vueltas al diagnóstico, pero quería explicar por qué estamos en un momento de transición que aún no ha sido percibida por aquellos a los que la transición les va a pasar por encima. Lo que yo hago con mis clientes no es evitar la transición, pero sí tomar una estrategia ante ella.
 -Hablamos de inversiones que no son a corto plazo, sin una reforma de la legislación del sector eléctrico a la vista. No veo razones para el optimismo…
 -Yo no estoy hablando de optimismo. Estoy en el mismo ejercicio hipotético de asesorar a un cliente. A ese cliente que reconoce que tenemos ese core de 40% que podemos mantener, si él llega a invertir en ese momento, la barrera de entrada le va a ser alta. Todo lo que está alrededor de ese anillo de 40% es lo intensivo en electricidad. Sidor y Alcasa es lo último que se va a encender, porque cuando se apagó Sidor por primera vez, fue para evitar que se apagara Barquisimeto. Al presidente lo pusieron a elegir: apagamos Sidor o apagamos Barquisimeto, y decidió llevar a Sidor al 30%.
Tuvimos que achicar al país para que hiciera match con el sector eléctrico, de ahí en adelante, el crecimiento va a estar muy identificado con el sector eléctrico. Entonces, una cosa es decirle al inversionista “entra”, y otro decirle qué precio vas a pagar. Son como momentos distintos. La voluntad política de entrar a otro país, en guerra, asolado, igual sucede. Igual entran inversiones.
-Pero son inversiones de muy rápido retorno, o muy de enclave…
-O muy de poder esperar unos plazos donde cuando tú haces el análisis de valor neto presente, es para recuperar en un plazo largo.
 -Pagar 100 por algo que en 20 años va a valer 10.000 de cualquier manera. 
 -De cualquier manera, exactamente. Puede ser que valga 10, 20, 3 mil, y eso en función del tipo de negocio. Pero ese precio va a subir en la medida en que el tiempo se vaya acercando a la recuperación.
 -Podríamos definirlo de la siguiente manera: En un año es que los activos en Venezuela van a estar en su valor mínimo.
 -En un año y medio, la expectativa de Venezuela va a cambiar y automáticamente la barrera de entrada va a subir, por la sola expectativa, sin ninguna acción concreta. Cuando un conjunto de condiciones se den, que hagan que la gente cambie. Hoy la expectativa de la gente es negativa, a cualquiera que le preguntes va a decir “mañana voy a estar peor que hoy”, pero vamos a pensar que hay dos escenarios para recorrer ese año, año y medio: el escenario inercial, que es el que ha venido ocurriendo, y el de algún tipo de cambio, que no ha ocurrido pero puede empezar a ocurrir.
Y ese escenario puede ser inducido desde el propio chavismo o puede ser consecuencia de un conjunto de presiones que hagan que el chavismo, aunque no quiera hacerlo, tenga que hacerlo. Y fíjate que no estoy pensando siquiera en un cambio de Gobierno.
 -De hecho comienza a haber grandes presiones a lo interno del chavismo hacia un giro en política económica, gente como Jesús Faría.
 -Por primera vez en público y en el canal 8, lo que es un paso importantísimo, porque significa que la discusión la ha puesto el presidente sobre la mesa. Si el presidente no quiere que hables de algo, no vas al canal 8. Si puedes decirlo ahí es porque se pretende que la discusión esté.
 ¿Qué es lo que tenemos ahora? El plan de la Patria funciona como una gran pega de los sectores del chavismo, una pega que da gobernabilidad. Yo he venido sosteniendo que las premisas que dieron pie al Plan de la Patria cambiaron sustancialmente, por lo que si no se revisa, el Plan de la Patria te está llevando por un camino que no es.
¿Pero por qué no haces esa corrección? Porque el Plan de la Patria es el que mantiene todas las piezas del chavismo juntas, y eso da gobernabilidad. Si logro mover todas las piezas juntas para que vayan en otra dirección, eso sería un éxito. Hoy no pareciera que Maduro pueda mover todas las piezas completas en otra dirección. Pareciera que la gravedad mueve las piezas en el sentido contrario: Pérez Abad, el mismo Jesús Faría, Vielma Mora, gente que trata de inducir algún tipo de cambio, automáticamente vuelve al “canal control”, que te está llevando por el camino que no es.
¿Dentro de este escenario, qué medidas podrían mover al chavismo del “canal control”, al “canal liberación”, manteniendo junto al chavismo?
-Tener gobernabilidad en el chavismo no te garantiza tener gobernabilidad en el país.
-Hasta ahora ha sido al contrario. Gobernar el chavismo es gobernar el país.
-Definamos gobernabilidad: es cuando en el curso normal de las operaciones, la alta gerencia da una orden y esa orden se cumple.
-Bajo ese concepto, la gobernabilidad es cero… 
– No es cero, pero está seriamente comprometida. En muy pocos sectores, yo diría que la banca es uno de los últimos, el presidente puede dar una orden y lograr que esa orden sea cumplida. Tú notas que la gobernabilidad se está afectando. Mantener en carril al chavismo es vital porque al resto del país no puedo mantenerlo igual.
 ¿Qué es lo que cambia de seis meses a esta parte? La hiperinflación. La hiperinflación es el principal destructor del contrato social. Eso no diferencia a chavistas u opositores. Eso lleva la desinstitucionalización: el plan 50, ya sabes que no va. La reconversión monetaria, ya sabes que no va; empiezas a tener señales donde por los mecanismos tradicionales ya no puedes operar. En estos casos, se suelen armar equipos de respuesta rápida, reportando al presidente, que se ocupan de integrar piezas sueltas, que están por distintos ministerios; desactivo los ministerios y empiezo a trabajar en recoger controles.
 -Esa es una buena interpretación de los hechos. Pero uno ve al Gobierno hasta cómodo en la hiperinflación, o no siente que haya la percepción de urgencia que hay en la sociedad. 
 -Yo llevo todos los años del mundo como consultor. Cada cliente ve su problema en realidad donde no está. Uno de nuestros trabajos importantes es mostrarle la realidad de las cosas. El presidente y su equipo todavía están viendo las cosas por encima de la mesa, y las cosas por debajo se están incendiando. Creo que no nota, que las cosas están siendo malinterpretadas. El alto gerente interpreta diferente las señales porque viene de una inercia, de manejar las cosas de una forma que no acepta otras.
Y como tiene sus propios fantasmas, no ve los cambios que se están produciendo. Pero eso es cuando tienes criterio gerencial. Cuando tienes criterio revolucionario ves todo por el dogma, y por la política. La política te obliga a ver las cosas por un lente que distorsiona. En este momento, yo en cualquier empresa pondría una cajita que se llame “nuevos negocios y oportunidades”, y tendría gente buscándolos, porque este país de 40% que vamos a tener electrificado y funcionando no niega el país del otro 60%.
Eso va a ir expandiéndose. Lo ideal sería en forma sistémica y ordenada. Yo soy economista, y la materia que tuve que estudiar fue inflación, y con mucha teoría. No podemos pensar en el esquema malthusiano de que esto va por un tobogán, y si hay fondo o no hay fondo, porque no va a ser así. Tú todavía viniste en un carro, cuando prendes la luz se prende, en algunas partes. Todavía hay mecanismos que nos están obligando a transformarnos. Ese proceso va a llevarnos a que aún sin que el Gobierno, este o cualquiera, nos lleve a cambios estructurales, se van a ir dando transformaciones desde la base hacia arriba.
Como destruiste esto con la hiperinflación, la gente va a empezar a buscar algo diferente. En el enfoque keynesiano, la inflación es dinamizadora de la economía; pero la hiperinflación rompe la ley de oferta y demanda, y también el esquema de gobernar cómodamente en inflación, pensando en el poder militar o en el poder popular concentrado.
Al romperse esos esquemas y tú no darte cuenta, tenemos dos meses que se iba a instaurar el bolívar soberano y eso ya no va; tenemos un año de la Asamblea Nacional Constituyente y no tenemos una sola medida sobre la mesa.
El Gobierno siente que está cómodo, en inflación, pero cuando le pones el prefijo “hiper”, rompe todo lo conocido y entras en un territorio que no controlas. No hay ninguna hiperinflación igual a otra. Lo único que coincide es la cantidad de ceros que puede haber, pero llega un momento en el que no importa si le pones 45 ceros más o 60 ceros más, porque el efecto destructor es el mismo.
 Entonces vienen cosas como estas: ya no vas a hacer la reconversión con tres ceros sino con seis, pero ya llegaron los billetes con tres ceros menos; y pasa que corres la coma para los enteros pero pasas el problema a los decimales. Para algunos precios, el primer decimal relevante va a ser el cuarto, como en el caso de la gasolina, que vas a tener que aumentar brutalmente para poder siquiera escribir su precio.
El cambio que me hace ver que esto tiene una fecha de expiración es la hiperinflación y la reacción lenta del Gobierno, porque ya no importa que reacciones rápido mañana, o pasado, porque este tiempo que perdiste es irrecuperable: es irrecuperable el sector eléctrico, a menos que le metas 60 mil millones de dólares; es irrecuperable el sector petrolero, le metas lo que le metas, porque tienes sanciones, y porque no tienes ya que inyectarle.
Fíjate que del supuesto préstamo chino de $5.000 millones anunciado recientemente por el ministro Simón Zerpa no se dijo nada más, y si llega a ser, es para aumentar la producción china de petróleo venezolano, para cobrar su deuda. Si no llega a ser, es un problema adicional, porque no tienes como pagarle.
– Aventúrese a darle al Gobierno una hoja de ruta.
-No es una aventura. Es algo que vengo proponiendo desde hace dos años. Es un concepto telescópico, como guardar o desplegar una antena de auto: Hacer cosas que te lleven a cosas más grandes, pero si no se llevan a la siguiente más grande se pierde todo. Hay prelación de temas. Cuando te hablo de electricidad, sería segundo o tercero en la cadena, pero no más lejos de allí.
La primera de todas, para mí, es levantar los sistemas de control: Controles de precios, y el de cambio, que fija las condiciones del mercado. Ver el precio del dólar como un asunto netamente financiero es no entender nada. El dólar es un bien, como la harina pan, y el precio que se paga es el precio de la escasez y del mercado negro, que es una prima de ilegalidad altísima.
Supongamos que levantamos la Ley de Ilícitos Cambiarios; esto no se puede hacer aislado, sin un equipo de respuesta rápida de altísimo Gobierno, que sea capaz de decir: “si este levantamiento de la Ley de Ilícitos me sirve para llenar anaqueles, luego vemos qué tenemos que hacer, negociar con proveedores, darles alguito, muchos de ellos te tienen en una lista negra de la que te tienen que sacar para seguir financiándote, puedes importar con tu propia plata, porque no va a ser pecado eso, no vas a tener que pagar matraca en los puertos, vas a poder subir por todo el camino desde los puertos sin que te paren; pero eso tiene que hacerlo ese equipo de respuesta rápida.
El control que tiene el Gobierno sobre la economía es tal que te permite hacer eso. Tú lo puedes usar para poner alcabalas o para levantarlas. Empiezas a levantar alcabalas, pones un 800 de emergencias para que el camionero llame y diga “me están parando en la alcabala tal”, hasta que creas una cultura de llenar anaqueles.
Con eso, además, vuelves a establecer precios de referencia, porque un daño importantísimo que se levanta solo con tiempo y libertad es la distorsión de los precios de referencia: una lata de atún es un millón de litros de gasolina. Esos precios relativos están relacionados con la inflación, y cada precio y su familia tiene su propia inflación.
Ahora todos son hiper, pero tienen sus propias características de afinación que vas a tener que trabajar. Al liberar esos precios van a llegar a la estratósfera, pero eso es una sola vez, y ahí se van a quedar. Eso, por supuesto, nos va a dejar a todos con el agua sobre la cabeza, pero ahí podemos ver cómo comenzamos a subir. Así como te dije, utiliza la tecnología de control de transportes, tienes el carnet de la Patria. Si tú haces la cola del supermercado y haces la cola de la harina pan, y para ti son 1.500, y para el que viene detrás, que tiene carnet de la Patria, cuesta 200, y puede comprar tantos al mes. Y el señor del supermercado puede tirar los otros 1.500 contra el IVA, o contra el ISLR, e ir negociando.
-Las medidas de liberación están claras. Solo le preguntaría qué hace con un déficit fiscal de dos dígitos…
-Esa es otra cosa. Cuando lleguemos a preocuparnos por eso, que hoy es de lujo…
-Pero esa es la madre de la hiperinflación…
 -No. Esa es la madre de la inflación. La hiperinflación tiene muchas madres. En inflación tú puedes calcular puntos de déficit contra puntos de inflación. Eso no existe para nosotros. A esa discusión vamos a llegar cuando lleguemos a esa estabilización del nivel de precios referenciales.
-Después de la liberación de precios… 
-Después de unas cuantas cosas más que te voy a decir. Por ejemplo, lo del carnet de la Patria es crucial: Es un CLAP virtual. Lo programo en la cadena. Mientras yo tengo eso, para eso tuve que haber llenado los anaqueles, haber permitido la importación, haber dejado que la gente vuelva a comprar dólares para volver a importar. Pero si empiezo a comprar dólares para especular, entonces empiezo a generar una distorsión, ahí es donde empiezo a necesitar variables macroeconómicas controlables. Necesito drenar liquidez para que no le quede suficiente excedente al empresario, sino lo suficiente para nómina, materia prima y una ganancia que es mejor tener en bolívares, porque ya eliminé el componente inflacionario.
Esto le va a pegar muy duro al 13% que aún no es pobre en Venezuela, y al 87% que ya está en pobreza insoportable, pero va a sobrevivir, que es de lo que se trata. Los que no tenemos carnet de la Patria vamos a tener que ajustarnos el cinturón.
 -Eso es un giro de 180 grados de dónde venimos. 
 -Vamos a ver: El camino no existe. Lo que existe es la percepción del camino. Porque el chavismo lo que nos ha enseñado es que la comunicación política es la realidad.
-Claro, hay maneras de hacerlo: Menem fue peronista. Pero las tensiones a lo interno del Gobierno van a ser muy fuertes.
 -Pero tienes cómo hoy decirle al venezolano que es perfectamente revolucionario eso. Por eso tengo tantas esperanzas en el Congreso del PSUV, de que del Congreso del PSUV salga una señal, que el amigo Diosdado Cabello desde la ANC la tome, y que el presidente lleguen a que no sea antirrevolucionario esto.
-Lo dijo Jesús Faría exactamente en esos términos… 
-Sea como sea, hay que aterrizarlo y hay que hacerlo, o vamos a llegar a un lugar al que no queremos llegar. Es un punto ciego en el retrovisor y no vamos a verlo venir. Le va a explotar al Gobierno en la cara. Esa es la punta del telescopio. Después hay que preguntarse y lo demás qué…
 -Ahora, ¿cómo se hace todo esto sin plata, sin el apoyo, por ejemplo, del Fondo Monetario Internacional, algo que también ha dicho Faría, y con las sanciones? 
-Vamos a pensar en nuestra realidad. Nosotros estamos tratando de salir de los controles, pero la señal más importante es de confianza, que estás dispuesto a entrar en la economía racional, por decirlo de alguna manera, así la rebautices como revolucionaria o neorrevolucionaria. En principio, los que están poniendo la plata son los privados. Al principio con dudas, tiene que haber un conjunto de elementos que produzcan confianza.
-Luego me tiras otro “dakazo” y me dejas muerto.
-Es muy posible. Pero el Gobierno tiene que tener el compromiso de dar una serie de señales de confianza. Si tú logras eso, ya puedes pensar en otras medidas.
 ¿Cuál sería el plazo, seis meses?
-Una publicación de Barclay’s de esta semana prevé cambios en un plazo muy breve: pérdida de Citgo en septiembre, default de capital de deuda con las demandas correspondientes también en lo que tiene que ver con Citgo; masificación de demandas privadas como la de Conoco-Phillips, y un proceso de aislamiento.
De aquí a fin de año, el tema va a ser muy complicado para el Gobierno, y si no lo hace ahora, en el Congreso del PSUV, lo va a tener que hacer en un momento posterior.
-Pero todo este escenario parece prever el escenario contrario, el de la radicalización hacia la izquierda… 
-Eso es lo que yo creo que va a pasar. La que yo mencioné hasta aquí es la que yo propongo. Pero la que yo creo que va a pasar es la nacionalización de la economía.
 –¿Y después? 
-Siempre viene el después. El después de la radicalización te lleva al mismo lugar, porque así lo reinterpretes políticamente, la realidad es como una catedral. Cuando nos encontremos con esa realidad, los cimientos internos tienen que crujir. Los que están clamando por un cambio no es porque dejaron de ser chavistas, ni porque creen que levantando el control de cambio es mejor. Los que proponen esto lo proponen porque “si no, nos hundimos”.
Cualquiera de ellos lo va a decir, como Jesús Faría. Cuando te vas a hundir, el capitán puede decidir hundirse con el barco o puede maniobrar para mantener el barco a flote. El grupo duro quiere hundirse sobre el barco.
 -O reinar sobre el cementerio que es hoy Venezuela.
-Pero eso no va a pasar. Van a chocar contra una realidad y van a tener que cambiar, porque esto no es un cementerio y no va a ser un cementerio. Puede haber mucha gente desnutrida, sin proteínas, en la calle, pero no muertos. Por consiguiente, yo creo que esto, después de la radicalización o de la rectificación, en un determinado momento las estructuras crujen porque el telescópico de la primera ocurre si te flexibilizas. Si te radicalizas se acabó, y te enfrentas a la electricidad, que te da el gasoil que te sirve para la electricidad.
-¿Qué le dice a la gente como Juan Pablo Olalquiaga, que dice que aquí no hay cambio posible sin cambio de Gobierno?
-Que vamos a vivir con el chavismo muchísimos años más, en el Gobierno o en la oposición, y yo tengo mis dudas de cómo va a ser más duro el chavismo, si ahora como Gobierno o en un futuro como oposición. Yo creo que pedir Maduro vete ya no ha funcionado ni va a funcionar.
Tenemos que buscar la manera de acomodarnos para hacerlo lo mejor posible, pero no ayudando con la agresión y la crítica destructiva.
 Esto tiene que cambiar y va a cambiar, ya sea con otro Gobierno o con la situación interna, porque llegamos al pico de hiperinflación; la oposición tiene una dirigencia que está desconectada de su base, y el chavismo tiene una dirigencia que está desconectada de su base; y las dos bases están juntas resistiendo el pico de hiperinflación. Entonces tú tienes una base de 80, 80 y pico por ciento, que piensan igualito: no quieren al Gobierno y no quieren a la oposición. Un cambio de Gobierno no garantiza que esto mejore.
Con información de: El Universal

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