En redes sociales acechan peligros para quienes buscan medicinas

Las solicitudes de fármacos a través de canales digitales son comunes en el país; y aunque se han mostrado como un aliado contra la carestía, también esconden riesgos, entre ellos la estafa. Internet ha sido reconocido por Interpol como un medio que ha facilitado los ilícitos farmacéuticos

Las peticiones de medicamentos a través de las redes sociales se han hecho cada vez más frecuentes en una Venezuela asolada por la escasez. Muchos han encontrado una solución momentánea a sus problemas, gracias a la solidaridad; pero también se ha abierto una puerta a estafadores que se aprovechan de la necesidad de los pacientes.

M. B. (nombre en reserva a petición de la entrevistada) asegura que se convirtió en una de las víctimas de una falsa empresa. Ella sufre de artritis reumatoidea, condición crónica por la cual su médico le prescribió dos fármacos, Humira o Enbrel. “Hace aproximadamente dos años hice una solicitud ante el Seguro Social para que me los suministrara, pero rechazaron mi petición. Entonces comencé a comprarlo a través de Badan, pero llegó un punto en que ya no vino más y tuve que apelar a otros medios”.

Hace un mes decidió hacer una solicitud a través de dos canales de televisión, y fue contactada telefónicamente por una compañía llamada Inversiones y Suministros Coral, supuestamente con sede en Puerto Ordaz. Ellos le aseguraron que tenían el medicamento que necesitaba y, luego de pedirle copia del informe médico y del récipe, le hicieron saber que tenían 7 unidades del producto y que podían vendérselas a 11,5 millones de bolívares cada una, mediante transferencia bancaria, dice. “No tenía dinero para comprarlas todas, así que les deposité 23 millones de bolívares. Eso ocurrió el pasado 23 de mayo. Ellos convinieron en enviarme el producto y dijeron que me darían un número de guía para que pudiera recibirlo, pero al cabo de unos días de que no llegara les hice saber que los denunciaría por estafa. Desde entonces no supe más nada de ellos”.

La semana pasada acudió al Cicpc de Simón Rodríguez, donde tomaron los datos, pero no le dieron muchas esperanzas de que el caso se solucionara. “Creo que fui inocente, pero caí en este engaño por la desesperación. Desde hace aproximadamente un mes no tomo los medicamentos y ya siento los efectos, tengo dolores en las articulaciones, en los codos y en las rodillas. Lo peor es que mi médico me dijo que me olvidara de ese producto, a menos que tuviera a alguien que me lo enviara desde el exterior o pudiera ir a comprarlo a Cúcuta”.

En Twitter se acumulan las denuncias contra la misma compañía que ella acusa de haberla estafado. Luis Francisco Cabezas, presidente de la ONG Convite, alerta que caer en falsas ofertas en redes sociales es uno de los riesgos que se ha potenciado en medio de la carestía. “Se trata de falsas compañías que van en busca de posibles víctimas mediante mensajes directos, aprovechando que las personas están dispuestas a pagar lo que sea por una medicina”.

Riesgos digitales. Internet ha sido reconocido como uno de los canales preferidos por quienes cometen ilícitos farmacéuticos, advierte Freddy Ceballos, presidente de la Federación Farmacéutica Venezolana.

La página web de Interpol señala que el riesgo se ha exacerbado por el aumento de transacciones en la red, que ofrece productos “de manera fácil, barata y sin receta”. Añade en un informe que el auge digital explica “la creciente participación de redes informales, en lugar de grupos jerárquicos tradicionales, en el crimen farmacéutico”.

El experto en regulaciones de la industria farmacéutica Juan Carlos Rondón señala que en el país se hace imposible calcular la magnitud del problema “porque no hay de dónde obtener una data veraz, y la misma falta de medicamentos se convierte en una oportunidad de oro para los criminales”.

La expansión de las falsificaciones alcanza no solo los medicamentos, “sino también los cosméticos o los productos para mascotas, todo aquello que debería ser objeto de registro sanitario”.

Una reflexión aparte merece el incremento de las iniciativas que se ofrecen a ayudar a afrontar la emergencia humanitaria mediante donaciones. “No solamente en Venezuela, sino también internacionalmente hay muchas fundaciones que están tratando de enviar medicamentos al país y esto puede también implicar riesgos”.

Recomienda que esas fundaciones busquen mecanismos que les permitan contar con procesos verificables y públicos y que tengan la asesoría de personas que conozcan de la industria farmacéutica.

Señala que el Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel, como el principal ente encargado de la farmacovigilancia en el país, es el llamado a tener el papel más activo para el control de ese tipo de delitos. “Tiene una responsabilidad regulatoria, pero también de educación y prevención de la ciudadanía”.

La sangre también es objeto de contrabando

Las irregularidades que afectan la distribución de los insumos y materiales de salud también incluyen la sangre y otros biológicos. De hecho, la compra y venta ilegal de hemoderivados ha sido detectada en algunos hospitales de ciudades como Caracas, Maturín, San Juan de los Morros y Maracaibo. De acuerdo con la secretaria de la Sociedad Venezolana de Hematología, Maribel Meléndez, han recibido denuncias de pacientes que sostienen que en centros asistenciales les han ofrecido bolsas de glóbulos rojos a cambio de un pago en dólares. Sin embargo, los afectados se rehúsan a identificar a los responsables por temor a que en la institución pública se nieguen luego a atenderlos. Esta situación se ha presentado en Caracas, Maturín, Guárico y Maracaibo.

“Quienes trafican son personas que buscan beneficiarse de la escasez de reactivos e insumos médico necesarios para descartar enfermedades, situación que mantiene paralizados 70% de los bancos de sangre de Venezuela”, señala Meléndez. Entre los casos que se denunciaron estuvo el de un joven que se identificaba como enfermero del área de traumatología de un hospital en Caracas, que se acercaba a pacientes que estaban esperando para ser operados de urgencia y les ofrecía las bolsas de sangre, que aseguraba que podía conseguir a cambio de 8 millones de bolívares.

La Ley de Transfusión y Bancos de Sangre, en su artículo 39, establece que el uso de la sangre humana o sus componentes con fines de lucro puede ser penalizado con prisión de cuatro a ocho años. La representante gremial asegura que la irregularidad se ha solventado en varios hospitales, pero que aún hay instituciones en las que puede estar actuando este mercado negro. Meléndez añade que la escasez de reactivos en los centros públicos y los costos de los insumos que las clínicas privadas se ven obligadas a adquirir en dólares, hacen atractivo este tipo de ilícitos para personas inescrupulosas.“Eso se combatiría fácilmente con bancos de sangre bien dotados”, manifestó.

Por otra parte, la detención de personal hospitalario, acusado de hurto y contrabando de medicamentos y otros insumos, también dio lugar a manifestaciones en los hospitales durante la semana pasada. En algunos de los procedimientos, los acusados fueron finalmente liberados. Pablo Zambrano, secretario ejecutivo de Fetrasalud, en un acto en la Facultad de Farmacia el jueves, señaló que ese tipo de procedimientos “en realidad se está usando como excusa para atacar a los trabajadores y evitar las protestas. Sabemos que la solución que se requiere es la apertura del canal humanitario para dar una respuesta urgente a la escasez”.

Con información de: El Nacional

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