En Aragua y Carabobo se consumen aguas servidas del embalse Pao-Cachinche

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No se ven resultados del Plan Integral de Agua 2018 que otorgó 2,3 billones de bolívares y 108,6 millones de euros para mejorar el suministro en cuatro estados del país

El desmantelamiento de la estructura hídrica nacional ha sumergido al país “en una emergencia humanitaria compleja que impide, entre otros derechos, el acceso al agua potable y al saneamiento”, de acuerdo con el más reciente reporte sobre la Emergencia Humanitaria Compleja en el Derecho al Agua, en el que participaron Fundación Agua Clara, Coalición Clima 21, Aguas Sin Fronteras, Mesas Técnicas de Agua de la Red de Organizaciones de Baruta del estado Miranda y la asociación civil Fuerza Ecológica de Calabozo, con el apoyo de Civilis Derechos Humanos.

El agua tiene un olor fétido y llega con un color amarillento u oscuro. Si se deja reposar, una masa se sedimenta en el recipiente y, si llega blanca, lo más probable es que sea por exceso de cloro, que produce picazón en ojos y piel. Así describen muchos aragüeños el agua que pocas veces reciben por tuberías.

Desde 2009, Germán Benedetti, ingeniero y diputado del Consejo Legislativo de Carabobo del período 2009-2012, ha denunciado la calidad del agua que llega a la región central de Venezuela. La calamidad ambiental la refrenda Alfonso Herrera, miembro de la Fundación Aguas Sin Fronteras, cuando señala que 8.000 litros por segundo de aguas residuales y servidas de la Gran Valencia son vertidos, sin tratamiento alguno, al embalse Pao-Cachinche, de donde proviene el agua “potable” que llega a 3 millones de personas en el centro del país.

De potable, nada. El embalse Pao-Cachinche, que comenzó a funcionar en 1973, con una vida útil de 50 años, es la principal fuente de abastecimiento de agua potable del área metropolitana de Valencia, y de otras poblaciones de Carabobo, Aragua y Tinaquillo, en el estado Cojedes. En el informe Estudio, diagnóstico y conceptualización de soluciones para la rehabilitación y optimización de las plantas de potabilización de agua de Venezuela, ordenado por Hidroven y la Corporación Andina de Fomento, se revela que el mal estado de la estructura dificulta el trabajo de potabilización de la planta Alejo Zuloaga.

El trasvase que se hizo para disminuir el nivel del lago de Valencia origina que las concentraciones de nutrientes, como nitrógeno y fósforo, en las desembocaduras de los ríos –y, por lo tanto, del embalse– sean muy elevadas. Ambos componentes provienen, en gran medida, de heces fecales.

Según el último Boletín Epidemiológico de diciembre de 2016, entre 2015 y ese año hubo un incremento de 26,2% en diarreas en menores de 5 años de edad (pasaron de 676.388 a 853.698 casos). En lo que respecta a la hepatitis viral A, el boletín señala que, en 2015, los casos alcanzaron 5.850 y, en 2016, 4.305. La tasa de morbilidad nacional por hepatitis A llegó a 13,88 por cada 100.000 habitantes y la epidemia se propagó por Zulia, Táchira, Miranda, Yaracuy, Carabobo y Aragua.

En marzo de 2012, el Correo del Orinoco publicó un reportaje en donde el presidente de Hidrocentro para la fecha, Manuel Fernández, afirmaba: “El agua potable que llega a los estados Aragua y Carabobo es apta para el consumo humano”.

Tres años después, en la memoria y cuenta de Hidrocentro, se declara el mal funcionamiento del abastecimiento de agua. La revista SIC del Centro Gumilla enumera los obstáculos en la gestión de la hidrológica: “El deterioro es manifiesto en las grandes instalaciones pertenecientes al Sistema Regional del Centro I y II causando variaciones de los caudales, así como mayores demandas de sustancias químicas, altas pérdidas en el proceso de potabilización, daños en los equipos, afectación de la calidad y altos consumos eléctricos”.

El reporte sobre la Emergencia Humanitaria Compleja en el Derecho al Agua sostiene que, en el ámbito nacional, el agua no se trata adecuadamente, lo que viola las normas establecidas. Las condiciones del agua cruda han desmejorado considerablemente y las plantas no están en capacidad de potabilizar la materia prima contaminada que les llega. “El resultado es uno solo: no hay agua potable en el país”.

A principios de año, el presidente Nicolás Maduro anunció el Plan Integral de Agua 2018 con la finalidad de mejorar, en 6 meses, el suministro de agua potable en Miranda, Carabobo, Anzoátegui y Aragua. Autorizó 2,3 billones de bolívares soberanos y 108.660.000 euros, para atender, en corto y mediano plazo, 8 puntos de trabajo planteados por alcaldes y gobernadores. A punto de culminar el año, el gobernador de Aragua, Rodolfo Marco Torres, declaró la rehabilitación de los pozos de agua y tuberías para la distribución de aguas blancas en la entidad y del sistema de distribución desde el embalse Pao-Cachinche, para lo cual contaba con “96.815.721.393 bolívares soberanos, aprobados por el gobierno para la ejecución de grandes proyectos hídricos en la entidad”.

Demasiado turbia. El estudio ordenado por Hidroven y la CAF revela que, para 2012, los picos altos de turbiedad estaban hasta 220% por encima de lo permitido por las Normas Sanitarias de Calidad del Agua Potable establecidas por el Ministerio de Sanidad el 13 de febrero de 1998, en la Gaceta Oficial Nº 36395. “La turbidez llega a 11 unidades nefelométricas (NTU), lo que explica, en parte, la escala de colores que perciben los vecinos cuando abren el grifo. Además, están presentes valores como el nitrógeno amoniacal (0,516 mg NH3N/L) y el fósforo (0,739 mg P/L), ambos indicadores de restos de material orgánico, como heces fecales animales o humanas, en el agua”, señala el informe.

La turbidez del agua para consumo humano no debe superar, en ningún caso, las 5 NTU, según la OMS y estará ideal por debajo de 1 NTU. Para julio de 2016, se conoció extraoficialmente que la medición de turbiedad en el Pao-Cachinche ascendía a 13,5 UNT, 270% más de lo permitido, y la del aluminio a 0,61mg/L, cuando el límite legal es de 0,2 mg/L.

En Carabobo y Aragua se sigue consumiendo agua de baja calidad y la poca que reciben de manera irregular la almacenan, lo que propicia enfermedades como zika, dengue y chikungunya, y los expone, además, a otras afecciones gastrointestinales o de la piel.


5 millones de litros para un parque

La escasez de agua en la capital de Aragua no es nueva, pero han sido los dos últimos años cuando los maracayeros la han padecido con mayor rigurosidad. La barriada de El Piñonal lleva más de un año sin suministro regular, pero algunos de sus habitantes aseguran que la escasez se agudizó desde julio de 2018, justo cuando el gobernador de Aragua, Rodolfo Marco Torres, y la ministra de Obras Públicas, Marleny Contreras, realizaron un recorrido por el Parque Acuático Metropolitano para mostrar los avances de esta obra que utiliza 5 millones de litros de agua en 72 chorros, 9 toboganes y 11 piscinas y cuya agua, a decir de la información oficial, es procesada con sentido ecológico con equipos de última generación para su tratamiento y recirculación.

El Parque Acuático Metropolitano o “Aragua Park” ya entró en funcionamiento, aunque debió cerrar sus puertas por varias semanas. Extraoficialmente se supo que, durante las inspecciones hechas por Protección Civil, se detectaron fallas que lo dejaron inoperativo. Sus instalaciones pueden recibir entre 3.500 y 4.000 personas por día, pero aún no ha sido inaugurado por el presidente Nicolás Maduro.

Mientras tanto, en Las Acacias, otro sector populoso de Maracay cercano al parque, tienen más de dos años padeciendo la escasez. Sus habitantes, así como los de El Piñonal, deben surtirse de un pozo público que ya no se da abasto ante la cantidad de personas que van a llenar cuanto envase tienen disponible. “Es absurda la construcción de un parque acuático mientras toda la ciudad carece de agua. De verdad que ni siquiera hay delicadeza para implementar la recreación… Piensen, analicen y saquen sus propias conclusiones”, escribía Mercy Pilar Guerrero, en la página de Facebook del Parque Acuático Metropolitano, el pasado 19 de agosto.

“Donde vivo tenemos semanas sin agua. Hoy lavé con tres botellones caleteados desde la casa de una vecina que tiene tanque subterráneo. Al enjuagar, recojo esa agua para los baños. Mientras tanto, pienso cómo puede ser esto posible en pleno siglo XXI”, se pregunta Luz Marina Guerra, una de las habitantes de la ciudad socialista Guasimal, cercana al Aragua Park.

En este urbanismo construido por la Gran Misión Vivienda son constantes las protestas de las 2.525 familias que allí residen. A principios de 2017, reclamaban el deterioro de las 3 bombas de agua que surtían las 72 torres que constituyen este complejo habitacional.

Aunque el gobierno regional anunció que el parque cuenta con dos pozos propios y equipos para la recirculación del agua; Enrique García, presidente de Sembramos Todos, una organización civil ambiental de la región, sostiene que en una reciente visita que realizó al lugar, no vio ninguna planta de tratamiento.

Para el ambientalista, la millonaria inversión para la construcción de este parque acuático pudo utilizarse para reacondicionar el sistema de bombeo, la activación de pozos, la reparación o reemplazo de tuberías y para la purificación de agua que necesita Maracay.

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