Desmontaje de las fake news del régimen de Maduro

¿Las sanciones son responsables de 40 mil muertes en Venezuela?

Fernando Núñez-Noda, de Verifikado para La Patilla.

Hasta diciembre de 2018, en Venezuela morían unas +23 mil personas al año por violencia (81 de cada 100 mil habitantes, la mayor tasa del mundo) y una cantidad similar por falta de medicinas o atención médica. Desde 2010 Venezuela  –presidencia Hugo Chávez 1998-2012- se convirtió en el país más violento del mundo y el más desatendido en términos de sanidad pública.

Es decir, los decesos por causas no naturales han sido responsabilidad de la administracion chavista que controla: los servicios públicos (electricidad, agua, +70% de la conexión de internet y otras utilidades públicas); la red pública de hospitales; proveedurías y canales de distribución de equipos médicos y medicinas. No hay grandes operadores privados.

Pero según reporta Sputnik, la agencia del régimen ruso Sputnik: “Alrededor de 40.000 venezolanos murieron en menos de dos años como resultado de las sanciones ilegales de EEUU diseñadas para efectuar un cambio de régimen, reveló un estudio en coautoría por el reconocido economista, Jeffrey Sachs.” Para el estudio, estas 40 mil muertes ocurren desde agosto de 2017. Pongámosle una lupa a este reporte, hecho público en abril de 2019.

Sobre Sachs                   

Antes de analizar el contenido es necesario comentar algo sobre Jeffrey Sachs, no por afán de promover el argumento ad hominem, sino de advertir que no es un académico neutral. Sin duda es un prestigioso economista estadounidense, pero hacen levantar cejas dos circunstancias: su estrecha relación con el multimillonario George Soros y oposición a Donald Trump (y viceversa).

Soros, como es bien conocido, ha dedicado miles de millones de dólares capitalistas a promover muchas actividades políticas anti sistema y reaccionarias. Sus críticos señalan que “su dinero financia a grupos extremistas” y que su agenda anti establishment (léase, “potencias de occidente”) no puede ser otra cosa que radical. Y su relación con Sachs es pública y notoria. Por ejemplo, en 2006 Soros donó $50 millones al proyecto Promesa del Milenio de Sachs. Perfectamente legítimo, pero deja ver el compromiso de una agenda geopolítica muy concreta y no favorable precisamente a la oposición venezolana, apoyada vigorosamente por la Administración Trump.

A Soros y a Sachs los une este aspecto tan poderoso: una antipatía sin igual por Donald Trump que, según quien escribe, podría ser la principal causa de un reporte tan parcializado por el régimen chavista. No hay duda de que Trump polariza a sus enemigos como pocos y, al no ser precisamente el rey de las noticias verificadas, lo atacan con las mismas armas.

Un asunto político, no legal

El reporte es sumamente ambiguo a la hora de separar la responsabilidad chavista en el colapso general de Venezuela y las supuestos efectos concretos de las sanciones desde 2017. Repite que “nunca podemos saber cuál habría sido el dato contrafactual”, es decir, qué hubiera pasado con los indicadores sin las sanciones. Pues le ayudamos con esto: ¡nada! Los números sería prácticamente los mismos y enteramente responsabilidad de un régimen que ya se define como “dictadura”.

El argumento fundamental es que las sanciones son “ilegales”, según sus propias palabras. Desde esa perspectiva puede contabilizar la cantidad de fallecidos que le plazca y atribuirlos a las sanciones como efectos que no se explican suficientemente. Es decir, no se señala con mucho detalle la correlación directa entre sanciones y efectos económicos negativos.

Pero respecto a la ilegalidad de las mismas, ocurre que desde la perspectiva de +55 países democráticos, como EE. UU., el Parlamento Europeo, Argentina, Colombia y Brasil y organizaciones como la OEA o el BID, que apoyan a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, el “ilegal” es el régimen chavista. Desde ese punto de vista, hasta el 4 de enero de 2019 -cuando fue nombrado presidente de la AN- las muertes son responsabilidad primaria y casi total de un régimen ilegítimo.

Y después del 5 de enero más aún, porque el régimen de Maduro no deja a Guaidó ejercer el gobierno, de modo que son doblemente culpables de todas las muertes causadas por fallas del Estado: las anteriores y posteriores al 5 de enero. Y las sanciones, más bien, son un esfuerzo por remover un régimen ilegítimo.

Ahora, según el criterio de las mayores dictaduras del mundo: China, Rusia, Corea del Sur o pequeñas pero tiránicas, como la turca o la cubana, las sanciones son en efecto “ilegales”, no Maduro usurpando la presidencia. Es pues una cuestión política y no legal. Sachs obviamente se basa en el criterio ruso, chino y cubano. Y todo lo que confronte a Trump.

Es una falsa atribución de culpas a un gobierno (i) que no controla el país todavía y un régimen que sí y que ha fallado en todos los terrenos de gestión pública. Con represión y propaganda se defienden como pueden y también con estos “estudios” que son en esencia atajos para lavarle la cara a un régimen repudiado por la comunidad democrática mundial.

Argumentos adicionales

Resulta curioso que una búsqueda en Google del informe de Sachs, hecha el 28 de abril de 2019, arroja resultados muy peculiares. Los primeros 7 resultados son de medios chavistas o propios de la esfera de izquierda radical pro rusa: Aporrea, RT (medio oficial del régimen ruso), Guerrillero (de Cuba), portal Alba. No está reseñado por El País, CNN, O Globo o BBC. Parece una matriz de opinión apoyada, premeditadamente o no, por el circuito de medios propagandísticos de la órbita rusa.

Ya para 2015 se hablaba de “El legado de la revolución en Venezuela: 252.073 muertos en 16 años de régimen chavista. (…) En el primer año de gobierno del fallecido Hugo Chávez, se registraron casi 6.000 muertes violentas. Cuando falleció, entregó un país con más de 21.000 víctimas fatales al año. Maduro lo hizo aún peor”. El chavismo es, sin duda, la mayor máquina de muerte que se ha visto en el mundo contemporáneo.

Se ha insistido hasta la saciedad en que las sanciones, hasta 2018, fueron dirigidas casi exclusivamente a individuos, no al país. Muy poco impacto pudieron haber tenido hasta enero de 2019 cuando Juan Guaidó pasó a ser presidente interino (obviamente no reconocido por la órbita rusa y por Sachs). Solo a partir de entonces, cuando las sanciones apuntaron más agresivamente a frenar la liquidación  de los activos de Venezuela en exterior por parte de la Administración de Maduro, podría hablarse de efectos, que jamás justificarían 40 mil decesos los cuales, evidentemente, venían de las lamentables condiciones generadas por el chavismo. En 2017 (sin sanciones al régimen) The New York Times titulaba “Venezuela colapsa y sus niños mueren de hambre” y señala: “Durante cinco meses, The New York Times dio seguimiento a veintiún hospitales públicos donde los doctores dijeron ver cifras récord de niños con desnutrición severa, cientos de los cuales han muerto. (…) El gobierno venezolano lo sabe, pero no lo reconoce.”

Ya para 2018 un reporte del medio mexicano Debate afirmaba: “Faltan 88% de medicamentos en hospitales venezolanos. Según la investigación, 21,9% de las salas de emergencia están fuera de operación, mientras 70,7% tienen fallas”.

El chavismo ha convertido a Venezuela en el país más corrupto del mundo, según reporta DW sobre datos de Transparencia Internacional. Prácticamente todos los días se detectan, incautan o congelan propiedades y cuentas bancarias cuantiosas cuyo origen es dinero robado por el chavismo y sus asociados.  Algunos cálculos de la Asamblea Nacional señalan que solo bajo el régimen de Maduro se han robado cerca de 400 mil millones de dólares. Otra cifra de la AN indica que en Venezuela se han lavado unos 800 mil millones de dólares. Cifras y circunstancias que, por supuesto, el informe de Sachs no menciona. No hace falta explicar que con esos recursos en el Tesoro Nacional y la voluntad de invertirlo, la seguridad ciudadana y la sanidad pública habrían podido prevenir las decenas de miles de muertos bajo Chávez, Maduro y el chavismo en general.

Los cálculos de la AN cubren dinero presupuestado que fue malversado o redirigido. Pero hay otras cientos de formas de robar: empresas fantasmas, sobreprecios, “acuerdos internacionales”. Por ejemplo, solo en supuestos proyectos eléctricos, Hugo Chávez “donó” más de $20 mil millones a aliados como Cuba, Nicaragua y Bolivia. Extraño, porque esos países siguen teniendo serios problemas de infraestructura eléctrica. ¿A dónde se fue el dinero?

Las sanciones, por el contrario, han salvaguardado miles de millones de dólares que hubieran sido malgastados y robados por Maduro y su entorno. La recuperación de Citgo y el congelamiento de activos que le han sido o serán devueltos al gobierno de Guaidó, garantizan a futuro que ese dinero sea invertido y gastado como corresponde.

Conclusiones

El informe de Sachs es un ejercicio de malabarismo para desviar culpas al régimen de Maduro y atacar a Donald Trump. Es superficial, ambiguo y muy tendencioso. Acoge la narrativa ruso-cubana, acérrima enemiga de los EE. UU., por cierto. Maximiza causas poco sustentadas e invisibiliza culpas grotescas y dignas de la Corte Penal Internacional. Al menos es honesto al reconocer que no puede estimar qué hubiera pasado sin los supuestos efectos de las sanciones, ignorando voluntariamente la inocultable responsabilidad del régimen más corrupto de los últimos tiempos y quizá de todos los tiempos.

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VerifiKado, Fernando Núñez-Noda, 2019 para La Patilla.

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