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Ciudadanos o Víctimas? Por Armando Armas

Grupo de familiares de víctimas rinden homenaje a dos años de las protestas contra Gobierno de Maduro

¿Como nos reconocemos hoy por hoy los venezolanos? ¿Que es lo que nos aglutina como sociedad? ¿Es más fuerte la identidad que implica una actitud activa de construcción permanente de un país en base a derechos y deberes, o más bien es la condición de víctimas que implica el sufrimiento y sacrificio de la gran mayoría de los venezolanos?

Lo ciudadanos son personas que sienten apego a una identidad nacional, local, regional, etc., ejerciendo derechos y asumiendo deberes con los cuales se sienten identificados. Para ello es fundamental conocer cuáles son esos derechos y esos deberes, pero más importante aún es haber internalizado la necesidad de vivir bajo los patrones de exigencia al Estado (y por ende a nuestros gobernantes) y responsabilidad que para con éste toda sociedad que busque el desarrollo amerita. La discusión sobre ciudadania pues cobra importancia cuando la sociedad busca la convivencia pacífica y el desarrollo pleno de sus potencialidades en aras de lograr su desarrollo.

Sin embargo, lo que presenciamos hoy en Venezuela es una crisis sin precedentes que nos ha convertido en víctimas, no solo de un “Estado delincuente”, sino también de la cultura política de la violencia, la intolerancia, el resentimiento y el odio que ha permeado a todos los ámbitos de la sociedad. El objetivo es muy claro: Exacerbar la desconfianza y alienarnos como individuos para que de esta manera seamos incapaces de relacionarnos de manera armoniosa y productiva entre nosotros y por consiguiente ejercer plenamente nuestra ciudadanía.

Por otro lado y según la Real Academia Española: “Víctima”, en primer término: es todo ser viviente sacrificado o destinado al sacrificio. Sin embargo, desde el punto de vista utilizado habitualmente, una víctima es la persona que sufre un daño o perjuicio, que es provocado por una acción u omisión, ya sea por culpa de otra persona, o por fuerza mayor.”

Vemos pues como el daño que se nos está causando a los venezolanos es de tal magnitud que la idea de ciudadanía ha perdido terreno con respecto nuestra condición de víctimas. Más que buscar desarrollarnos como individuos y colectivo buscamos la supervivencia.

Esta semana el mundo (más que Venezuela tanto por la censura como por nuestra pérdida de capacidad de asombro) se impactó por las cruentas imágenes resultado de la masacre en PoliCarabobo donde, según cifras oficiales, sesenta y ocho personas perdieron la vida.

En lo que va de año van más de 60 muertes de neonatos en el hospital Razzeti de Barcelona/Anzoátegui por desnutrición o falta de medicamentos y así en diferentes establecimientos de salud del país.

Cuando Jhoannis me comentó hace unos días sobre el llanto de su niña por no tener que darle de cenar y que le parecía inaudito como es que se tuvo que “guindar por las greñas” con su vecina/amiga de toda la vida porque siendo la encargada de distribuir las cajas CLAP en su barrio le dijo que a “ella no le tocaba por escuálida” ; fue que caí en cuenta de lo profundo a donde nos han arrastrado como sociedad a través de esta cultura del mal impulsada por quienes hoy detentan el poder.

La violencia, la falta de un sistema de salud que funcione y el hambre son las cadenas que nos oprimen hoy a los venezolanos. Pero es la “tortura psicológica masificada” el principal elemento con que cuentan nuestros victimarios/carceleros para impedir que nos zafemos de dichas cadenas.

De alguna manera u otra, hoy todos somos víctimas de un sistema perverso que se nutre de de desconfianza, el resentimiento y la maldad en formas tanto burdas como sutiles.

Según Geoff Mulgan el Estado asume y ejerce el poder articulando tres elementos: violencia, dinero y confianza. Más que ejércitos y dinero el mayor poder de los Estados hoy en día está en los contenidos. Según el autor:

“De las 3 fuentes de poder, la más importante para la soberanía es el poder sobre las ideas que dan lugar a la confianza. La violencia solo puede usarse de forma negativa; el dinero solo puede usarse de dos formas: dándolo o quitándolo. Pero el conocimiento y las ideas pueden transformar las cosas, mover montañas y hacer que el poder efímero parezca permanente”

Soy ferviente creyente del poder de las ideas y creo que una forma de ejercer ciudadanía pasa por reconocernos primeramente como víctimas y de esta manera organizarnos en función de nuestras pérdidas y nuestros sacrificios. Para eso debemos primero reencontrarnos con nuestra capacidad para la bondad, para la confianza, el respeto y el trabajo en equipo.

Quizás el reconocernos como víctimas y activarnos para buscar justicia es el primer paso para volver a ser ciudadanos.

En tal sentido sería imperdonable no usar el poder del “crowd” a nuestro favor. Pero sobre esto escribiré en una próxima entrega.

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