Almagro, un demócrata haciendo lo que toca hacer por: Emilio Nouel

Por: Emilio Nouel V.

       @ENouelV

Una real comprensión de la tragedia política que ha vivido en sus últimos años Venezuela ha costado mucho a quienes desde más allá de nuestras fronteras la observan.

La Comunidad internacional ha tardado en reconocer en toda su dimensión la crisis, dejando a su suerte a los demócratas venezolanos, con sus aciertos y errores.

La OEA, institución multilateral necesaria que debe velar por el derecho a la democracia de los pueblos de nuestro continente, hasta hace poco no había asumido plenamente el caso Venezuela. Los países que la integran, en general, habían  volteado hacia otro lado, por distintas razones e intereses. Una percepción equivocada de la naturaleza del gobierno chavista y de la crisis, por un lado, y por otro, las coaliciones político-ideológicas que se configuraron en la región, hoy redefinidas como consecuencia de los cambios políticos que han tenido lugar en países muy importantes, perjudicaron la lucha por impedir que se consolidara el autoritarismo y se  recuperara la democracia en nuestro país.

La llegada del uruguayo Luis Almagro a la Secretaría General de la OEA ha significado un punto de inflexión sustancial. La inercia anterior dejó mucho que desear.  El descuido y la inacción de Secretario General que precedió a Almagro, en no poco contribuyeron a que cogiera vuelo el chavismo en la región.

Con el uruguayo, ese cargo experimentó una transformación esencial, principalmente, moral. De forma adecuada ha usado sus atribuciones legales para hacer efectivos el derecho a la democracia y la vigencia de los DDHH frente al drama venezolano.

El compromiso sincero y consecuente de Almagro con las libertades, su generosidad y valentía y, sobre todo, su estatura ética, han quedado patentizados en 2 Informes sobre la grave situación política y social de Venezuela. Con rigurosidad, objetividad y un alto sentido de la responsabilidad que le ha tocado, el Secretario General del ente hemisférico ha descrito el cuadro cierto de un país casi destruido, que de no ejercerse presión sobre él desde fuera, va a crear problemas serios a la región.

Hay todavía margen para medidas e iniciativas que eviten sanciones extremas en el marco de la Carta Democrática Interamericana, entre las cuales no está, como dice mentirosamente el gobierno para asustar a la gente desinformada y utilizar el expediente manido de un supuesto enemigo externo, la invasión militar. En manos de los gobiernos del continente está la oportunidad de evitar males mayores no solo para el sufrido pueblo venezolano, también para el resto de los países vecinos que podrían verse afectados con una desestabilización política y consecuente caos social en Venezuela.

Almagro ha percibido y medido de manera correcta tal riesgo. En sus certeras palabras están las claves de una salida democrática y pacífica para nuestro país, que en definitiva, es la que los venezolanos anhelamos.

“Ya no queda otro camino. Se necesita que los países de la región demuestren unidad y que las 33 naciones adopten una postura en favor de la defensa de la democracia agredida.”, ha dicho Almagro.

Ojalá los gobiernos de la OEA lo acompañen en la adopción de las decisiones urgentes que deben tomarse frente a la tiranía chavista.

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