A 110 años de su nacimiento la obra de Miguel Otero Silva sigue vigente

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El fundador de El Nacional  es uno de los rostros más importantes de la literatura venezolana, una referencia principal del periodismo y la libertad de expresión por el contenido crítico, político y humorístico de su labor

Este 26 de octubre se cumplen 110 años del nacimiento de Miguel Otero Silva, escritor, periodista, ingeniero, máximo exponente de la literatura social y venezolano.

En 1943, en plena Guerra Mundial, su padre Enrique Otero Vizcarrondo, quien había viajado a Estados Unidos para adquirir una imprenta para el Morrocoy Azul, decide aprovechar la oportunidad para fundar un diario; de allí surge El Nacional, cuyo primer jefe de redacción fue el propio Otero Silva, quien hoy en día es recordado por los ciudadanos como el fundador del medio.

Otero Silva fue parte de la Generación del 28, un grupo de estudiantes insurgentes contra  la dictadura de Juan Vicente Gómez; esta experiencia le brindó la inspiración para escribir Fiebre, su primera novela, basada en las luchas de los estudiantes durante este período de la historia política.

Si Fiebre se inspiró en la lucha contra el régimen de Gómez, su novela La muerte de Honorio (1963) respondió a la revuelta que se hizo contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y que de alguna manera sirvió como denuncia de los presos y torturados por parte de la policía política del régimen.

Casas Muertas, Oficina N°1, La piedra que era Cristo, Cuando quiero llorar no lloro, 25 poemas y Escritos periodísticos forman parte de sus obras literarias más conocidas en Venezuela y Latinoamérica.

El fundador de El Nacional recibió en vida el Premio Nacional de Periodismo (1958), el premio Nobel Arístides Rojas (1955), el Premio Nacional de Literatura (1956) y el Premio Lenin de la Paz por parte de la Unión Soviética (1979), entre otros.

Los últimos 15 años de su vida los dedicó a sus grandes pasiones, el coleccionismo de arte (en su casa de Caracas, bautizada Macondo en homenaje a Cien años de Soledad), donde llegó a atesorar, entre otras piezas de gran valor, un ejemplar de la efigie de Balzac, de Auguste Rodin, y una de las más importantes colecciones privadas de iconos sagrados rusos.

Miguel Otero Silva murió el 28 de agosto de 1985 y en la actualidad aún es uno de los rostros más importantes de la literatura venezolana. Además, es considerado una referencia principal del periodismo y la libertad de expresión por el contenido crítico, político y humorístico de su obra.

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